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¿Matar a un tirano está justificado?

¿Cuáles serían las consecuencias y el impacto en una sociedad como la venezolana si se llevara a cabo un asesinato de un tirano como Nicolás Maduro?

En su obra Del rey y de la institución real (1599), el sacerdote jesuita Juan de Mariana examina los límites del poder político que, en la Europa del siglo XVI, ejercían los monarcas. Según Mariana, los monarcas deben estar sujetos a los mismos estándares morales que los gobernados. Si se desvían de los principios de la ley natural confiscando la propiedad legítima del pueblo, aplicando impuestos contra el consentimiento de los gobernados o usurpando las funciones del parlamento, es derecho del pueblo asesinar a un gobernante que se ha convertido en tirano.


Hoy en día, existe un amplio consenso sobre qué convierte a un gobernante legítimo en un déspota. El uso injustificado de la violencia contra ciudadanos desarmados, la violación reiterada que atenta contra los derechos humanos o el empobrecimiento de un país debido a políticas económicas destructivas se consideran motivos suficientes para sacar a cualquier gobernante del poder. Pero realmente llevarlo a cabo está plagado de peligros.

Hace aproximadamente un mes presenciamos un ataque con drones al dictador venezolano Nicolás Maduro. Maduro ha sumergido a su país en la crisis económica más severa de las últimas décadas, pisoteando los derechos humanos y poniendo fin al sistema democrático en el camino. Esto hace que Maduro sea el prototipo de gobernante que Mariana habría calificado como un tirano. Pero, ¿el tiranicidio está éticamente justificado?

Matar a un tirano y sus consecuencias

Desde una perspectiva de justicia retributiva, el asesinato de un déspota parece legítimo. En el caso de Maduro, millones de personas han sido perjudicadas por la acción del gobierno venezolano: los opositores políticos han sido encarcelados y torturados, los niños se mueren de inanición como consecuencia directa de las políticas económicas paupérrimas, presuntos delincuentes han sido asesinados sin el debido proceso, etc.

Aquellos directamente afectados por estos crímenes podrían pedir justicia y exigir un castigo proporcional, que en muchos casos implicaría la muerte del dictador. Justo como esto puede sonar, se deben considerar otros aspectos. Primero, en los estados modernos, la justicia se canaliza a través de sistemas legales centralizados, precisamente para evitar que las personas tomen la ley en sus propias manos. En este caso, sin embargo, parece inocente confiar en el sistema legal venezolano para juzgar y castigar a Maduro en un país donde la independencia judicial es inexistente.


En segundo lugar, la muerte de un tirano no es una tarea sencilla. En el proceso, personas inocentes podrían perder sus vidas. De hecho, el ataque de drones contra Maduro, tal como estaba planeado, podría haber matado a otras personas además del tirano y sus cómplices. Si el asesinato de un déspota causa la pérdida de vidas inocentes, la moralidad de tal acción sería cuestionable, por decir lo menos.

Trasciende lo ético

Pero supongamos que hay una manera de prevenir el daño colateral y que el tiranicidio podría llevarse a cabo sin la pérdida de vidas inocentes. ¿Lo haría ético? Para responder a esta pregunta, debemos mirar más allá de la ética deontológica y abordar el problema desde una perspectiva utilitaria. En otras palabras, es esencial analizar las posibles consecuencias de matar a un tirano para llevar a cabo una evaluación ética integral.

A primera vista, parece que la eliminación de un dictador del poder (incluso por medios violentos) debe ser necesariamente ética, ya que, a largo plazo, debe allanar el camino hacia la libertad política y la prosperidad económica. La historia sugiere, sin embargo, que esto no siempre ha sido el caso. Por ejemplo, el derrocamiento y posterior asesinato de Muammar Gadhafi en 2011 ha resultado en una serie de guerras civiles que han matado a miles de personas hasta el momento, convirtiendo a Libia en un Estado fallido.

Si aplicamos esta línea de razonamiento a Venezuela, nada garantiza que el asesinato de Maduro mejore la situación actual en Venezuela. De hecho, podría empeorar las cosas. Dado que la mayor parte del ejército aún está bajo el control del régimen, la muerte del tirano probablemente resultaría en la represión y muerte de cientos de inocentes, sin favorecer la causa de la libertad en el país sudamericano.

El corolario es simple: la evaluación ética del tiranicida también debe incluir las consecuencias potenciales de tal acción, aplicando el principio de precaución si uno cree que la cura podría ser peor que la enfermedad. De lo contrario, un acto legítimo de justicia podría llevar a una situación peor que la que el asesinato pretendía resolver.


Este artículo apareció por primera vez en Intelectual Takeout por Luis Pablo De La Horra.

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