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Democracia: el Dios que fracasó

Hoy hablare de una palabra sagrada, haré eco de un mensaje de herejía, y ofenderemos a los dioses hasta ahora intocables en Colombia. Hoy vamos a exponer los males de la democracia.

En 2001, el profesor Hans-Hermann Hoppe escribió un libro con el título Democracia: El Dios que fracasó. El trabajo de Hoppe equivale a un baile de guerra de un solo hombre contra la más sagrada de las divinidades seculares.

¿Pero cuál es la principal postura de Hoppe contra la democracia?

Desperdicia y agota su capital. Siempre lleva la vista corta. Hoppe usa el concepto económico de «preferencia temporal» para aclarar su punto. La democracia, en opinión de Hoppe, «Te quiere ahora». Es derrochar; es libertinaje; un niño común y corriente en una tienda de dulces.

Igual que el alcohólico no puede ver más allá de la próxima bebida… la democracia no puede ver más allá de las próximas elecciones. El problema, dice Hoppe, es que los líderes democráticos no poseen la maquinaria del gobierno. Es de ellos en préstamo por un tiempo. El político democrático es un marcador de posición.

Pero, ¿no es esa la virtud esencial de nuestro sistema, que el poder no está alojado permanentemente en un solo representante? Una lista rotativa de tiranos es mucho mejor a uno solo para siempre, dirán algunos. Pero si esto fuese cierto, la independencia de Colombia sería una estafa y el 20 de julio sería considerado un aquelarre de brujas.

Pero como un líder en democracia no es dueño del aparato del gobierno, sostiene Hoppe, no tiene ningún incentivo para maximizar su valor. En cambio, tiende a agotarlo. Su horizonte temporal limitado lo obliga a una dar satisfacción inmediata a sus votantes.

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Imaginemos a un aspirante a funcionario del gobierno que busca el apoyo de un público exigente. Él puede ser consciente de lo que necesita el país en políticas fiscal. Pero si no logra satisfacer los clamores de la multitud, sabe que otro lo hará. Y nuestro aspirante democrático perderá su elección. Entonces él político contrario se encargará de darle los dulces necesarios al pueblo.

Si la salud o la educación deben ser gratuitas para que este político llegue a la oficina de presidente, entonces lo serán. Se llenará la boca diciendo que las EPS deben eliminarse, y que tanto la salud como la educación son un derecho inalienable, prometerá más bienestar incluso sin importar que sepa que se verá comprometido para cumplirlos, entonces los votantes irán corriendo a darle su voto.

Su elección representa una incursión preestablecida en nuestro PIB. Si la bolsa nacional esta rota, si por alguna razón no pudiese soportar la carga o no se pudieran cumplir con exigencias, entonces recurrirá a la tarjeta de crédito.

Hemos llegado bastante lejos en nuestra descripción de la democracia, pero… ¿Qué pasa si todo el entramado se llega a desmoronar?. Bueno, ese sera el dolor de estómago del próximo político en la carrera hacia presidente. Ese es el común denominador en la democracia moderna.

Comparemos, por un momento, un gobierno democrático con un vehículo alquilado. El arrendatario no posee el auto. Por lo tanto, no tiene respeto por conservarlo en buen estado a largo plazo. Entonces él sobrecargara el motor. Usara los frenos como un loco. Y pasara por los lugares mas devastadores para el carro, usara con seguridad la gasolina más barata de todas (de ser venezolana en lo posible). Además, ¿Quién lavaría un carro de alquiler?

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De esta manera, el economista Thomas Woods explica que los gobiernos democráticos sufren la llamada «tragedia de los comunes»: uso excesivo, agotamiento, mantenimiento inadecuado, etc. Woods usa el ejemplo de un estanque de pesca de propiedad privada, y su diferencia a un estanque de pesca público abierto a todos.

«Una tendencia al la sobrepesca existiría con un estanque disponible en común para todos los interesados; un propietario privado, por otro lado, piensa no solo en lo que se puede extraer de manera rentable de su propiedad a corto plazo, sino también en la necesidad de mantener un stock de peces para reproducirse para el próximo año y e incluso después.»

Quizá lo anterior explique el por qué se cayó el Puente de Chirajara…

La mayoría de las naciones democráticas que gimen bajo gobiernos inflados, tienen impuestos exorbitantes y niveles de deuda del tamaño del Everest.

Hoppe compara los gobiernos monárquicos de la edad media con la democracia moderna, por ejemplo:

«Durante toda la época monárquica hasta la segunda mitad del siglo XIX la carga tributaria rara vez excedía el 5% del PIB. Desde entonces, ha aumentado constantemente. En Europa Occidental se situó entre el 15 y el 20% del PIB después de la Primera Guerra Mundial, y mientras tanto ha aumentado a alrededor del 50%. Además, el gasto del gobierno alcanzó aproximadamente el 10% del PIB antes de la Primera Guerra Mundial y actualmente se acerca al 50% en muchos países democráticos.

La anterior cita de Hoppe nos lleva de nuevo a nuestro país. El gasto total del gobierno en Colombia, [la nación en donde Gustavo Petro se ha armado de la palabra democracia allá donde vayan sus manifestaciones], asciende al 39% del PIB, casi el 40%, cifra considerada por muchos economistas como el punto de no retorno.

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La utopía de Hoppe de un mundo monárquico en la actualidad quizá no sea realizable, pero debemos reconocer que una monarquía, si no metemos las barbaridades que se cometían, funcionaba de una forma mucho mas eficiente por lo menos en cuanto a economía que lo que tenemos ahora. Winston Churchill llego en su momento a bromear diciendo que la democracia era la peor forma de gobierno, excepto por resto. Yo más bien pienso que la monarquía es la peor forma de gobierno… excepto por el resto.

1 comentario
  1. […] Hoppe, en su libro “Democracia: El dios que fracasó“, describe que él cree que la defensa de la propiedad es lo mismo que el seguro. Cita a […]

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