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Díaz Ayuso: no a la marihuana medicinal, sí al consumo de alcohol

La gobernadora de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, descartó su apoyo a la marihuana medicinal por la «adicción» que puede generar pero, paradójicamente, promueve consumir alcohol.

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Tanto para liberales como para nacionalistas y conservadores, la llegada de Isabel Díaz Ayuso a la gobernación de la Comunidad Autónoma de Madrid fue significativa. Para fraguarse su victoria, Díaz Ayuso contó con el respaldo mayoritario de la Asamblea de Madrid: 65 escaños del PP y 13 de Vox. El total de 78 escaños equivale a una diferencia del 34% comparándose con la alianza de gobierno PSOE–PODEMOS. A su vez, esta derrota de la izquierda nacional en Madrid propulsó la salida (al menos temporal) de Pablo Iglesias. Además de mantener a raya las pretensiones del socialismo español, la política mantiene contento al bloque conservador negando adherirse al progresismo. Pero ciertamente y como sucede con la mayoría de los políticos, los principios no son los que van por delante, sino los votos. Su posición ante el uso de la marihuana medicinal nos lo demuestra.

Cuando estaba en campaña, Ayuso propuso fraguar un muro liberal con el lema «Socialismo o Libertad»… Y una cosa es la que se propone en plena campaña política y otra es la que se aplica cuando el poder ya se sirvió. La libertad se extiende cuando cada quien es libre de decidir qué consumir, cuándo hacerlo o cómo hacerlo siempre y cuando no obligue a los demás a compartir sus prácticas ni espere que la sociedad le aplauda sus gustos.

Esto aplica para todo tipo de sustancias adictivas, como el alcohol, el cigarro, el tabaco y también la muy demonizada marihuana. “Yo estoy en contra de las drogas, me parece que es el mayor lastre de una persona, ser dependiente de una sustancia” argumentó Díaz Ayuso para justificarse. El problema con este aparente utilitarismo es que su posición frente a las drogas no cuadra con su promoción del alcohol.

Por qué es incoherente satanizar la marihuana

Una parte importante de la campaña de Isabel Díaz-Ayuso fue defender la libertad para socializar de nuevo e irse a tomar unas cañas. “Las cañas son importantes. Después de un mal día, una caña anima. La restauración y los bares no son una cuestión de borrachera, es también cultural y económica” sostuvo la política en abril durante una entrevista. Ahora, ¿tiene Díaz Ayuso en cuenta que el alcohol es, en todos los estudios realizados al respecto, una sustancia más dañina que la misma marihuana? Revisaremos primero la literatura más reciente, que abarca una revisión de 101 médicos alemanes con más de 20 años de experiencia profesional en adicciones. En este estudio, que fue publicado el año pasado en la revista Frontiers in Psychiatry  se evalúa el daño de 33 sustancias psicoactivas. ¿Dónde crees que se ubica el alcohol?

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Daño ponderado de 33 sustancias psicoactivas, incluyendo el alcohol y la marihuana (cannabis). Fuente: Bonnet et. al (2020)

Bien, el daño que causan las sustancias o drogas se divide en dos tipos: individual (que sufre quien consume) y social (que sufre su entorno). A nivel psicológico, físico y social, de acuerdo a los médicos, el alcohol es la cuarta sustancia más dañina, incluso por delante de la cocaína. De hecho, el alcohol es peor que las anfetaminas, los canabinoides sintéticos, el éxtasis, la ketamina, el cannabis y los hongos psicotrópicos. ‘‘La ketamina, las benzodiacepinas, el cannabis, los hongos psicotrópicos […] se encuentran en el rango medio de daño’’ detalla el estudio. En cambio las drogas de abuso tradicional como la cocaína,  la metanfetamina, la heroína y el alcohol se clasificaron como las más dañinas. De ahí se deriva que la posición más coherente es condenar equitativamente el alcohol y la marihuana o dejar equitativamente a los consumidores en paz.

En otros estudios se considera al alcohol aun más dañino

Con esto no se busca promover el uso u abuso desbordado de sustancias, sino aclarar que los vicios no son delitos como decía Lysander Spooner. Tanto es así que muchos vicios extremadamente dañinos llevan décadas coexistiendo con nosotros mientras condenamos otros relativamente menos dañinos. Cuando se lleva la diatriba al campo político, resulta evidente que ciertamente los discursos prohibitivos flaquean y hacen agua por todos lados. Si no nos quedamos con estas evaluaciones e indagamos más, podemos encontrar estudios donde el alcohol es considerado la sustancia más dañina de todas. Un estudio publicado por The Lancet en 2010 que encuestó a expertos del Comité Científico Independiente sobre Drogas del Reino Unido muestra justamente esto. En su época, era la evaluación más completa porque pondera 32 dimensiones de daño, que van desde la mortalidad hasta el coste económico.

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Considerando el uso más normalizado y disperso del alcohol, esta droga es la más dañina de todas. Fuente: Nutt et. al (2010)

Debido a su mayor impacto social derivado de la normalización de su consumo, el alcohol es una sustancia más dañina que la heroína. Por el mismo motivo de que su uso es más disperso pero sigue siendo una droga psicoactiva, representa un enorme lastre para la sociedad. De acuerdo a la escala, el alcohol es 2.1 veces peor que las metanfetaminas y 3.6 peor que la marihuana. Si le damos una pasada adicional a la gráfica, veremos que el tabaco es un 30% más dañino que el cannabis, e igual es legal. ‘‘¿Cuántos votos habría ganado Ayuso promoviendo la despenalización del cannabis? O peor, ¿cuántos votos habría perdido Ayuso promoviendo la prohibición del alcohol?’’ es, a juicio de Juan Ramón Rallo, el verdadero quid del asunto. A todas estas es la ignorancia o el costo político quienes matan la libertad de decidir.

¿A dónde se dirige la discusión?

El punto no se trata de estar en contra o a favor del consumo de drogas en sí. Cada quien puede decidir no consumir algunas drogas (o ninguna), o si relacionarse con gente cuyos hábitos incluyen ingerir ciertas sustancias psicoactivas. También es sabido que la marihuana tiene efectos bidireccionales sobre la salud: aunque la influencia positiva destaca mucho, también tiene su lado oscuro. El consumo de cannabis altera la composición del hipocampo, lo que influye negativamente en la memoria humana a largo plazo. Algunas investigaciones encuentran que fumar marihuana es un factor de riesgo en padecimientos cerebrovasculares, incluyendo infartos cerebrales y una reducción del flujo sanguíneo cerebral. De hecho, la marihuana funciona bien como sustancia paliativa y/o sustituta de otras drogas más dañinas, y en este campo es donde más destaca. Por este motivo se puede decir que no es recomendable consumir marihuana solo porque sí.

Un meta-análisis publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica encontró que la promulgación de leyes de marihuana medicinal en Estados Unidos se asocian con una disminución del 6% en el consumo de nicotina entre adolescentes. Igualmente, las legislaciones de este tipo se relacionan con una reducción del 12% en el tabaquismo compulsivo. Con el licor pasa algo similar: legalizar la marihuana recreativa (como hizo Nueva Jersey) se relaciona con 20% menos consumo excesivo de alcohol. Ahí es donde va la cuestión. Si podemos hablar mal de la marihuana también podemos hablar mucho peor de las drogas legales que el Estado nos permite consumir. ¿Por qué defender unas sí y otras no? ¿Tenemos entonces la libertad de enviciarnos con los peores productos que el Estado nos permite, pero no con aquellos relativamente menos dañinos?

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