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Feminista de «los gallos violan a las gallinas» resultó ser escort de lujo

La vegana y feminista Fanny, quien saltó a la fama por asegurar que los gallos violan a las gallinas, es en realidad una reconocida escort de lujo.

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Nos hemos burlado de ella. Hemos escrito artículos con su imagen para atacar las bases del veganismo. Todos, en algún momento y a menos que seamos veganos, nos reímos de su famosa afirmación ‘‘los gallos violan a las gallinas’’. Se llama Fanny, fundó Almas Veganas y hasta Adriá Núñez (de Libertad y lo que Surja) tuvo choques con ella. Pero, ¿quién habría pensado que una de las protagonistas sería una escort? Y decimos ‘‘escort’’ porque denominarla prostituta sería algo que no se ajusta a las tarifas que cobra. No es porque hayamos averiguado de primera mano, sino porque OkDiario adelantó sus precios: 3000 euros por fin de semana.

En condiciones normales, ciertamente esto no sería nada relevante. La prostitución —y especialmente los servicios de escort por ser sumamente remunerativos— es un trabajo más. Pero si eres feminista, ciertamente te enfrentas a un dilema moral si ejerces esta profesión. Las feministas destacan por creer que existe aquello que llaman «cultura de la violación», creencia que supone que estamos al margen de una cultura que legitima la violación a través de la normalización, la acción y el lenguaje… Cosa que sería reflejada en el caso de los gallos y las gallinas.

¿Por qué? Simple: porque las feministas, con su sensibilidad social inigualable, ven una violación donde una sociedad insensible no. De ahí que Fanny diga que ‘‘los gallos violan a las gallinas’’ mientras que nosotros nos reímos. Somos una bola de insensibles que normaliza la violación y la opresión hacia todo individuo del sexo femenino. Pero, si Fanny cree en la cultura de la violación porque es feminista, ¿entonces no es contradictorio que sea escort? En efecto, lo es.

Para amplios sectores del movimiento feminista, especialmente los más radicales —o por lo menos suficientemente radicales como para ver violación en todos lados al punto de afirmar que ‘‘los gallos violan a las gallinas’’— el ser prostituta, escort o simplemente trabajadora sexual contribuye al mantenimiento de la cultura patriarcal dado que el consentimiento no se gana, sino que se compra. Ellas asumen que tal acto de transferencia es inmoral, puesto que la mujer es tratada como una mercancía. En otros casos, asumen que es ilegítimo porque la sexoservidora solo acepta la invitación sexual a cambio de dinero. Para esta última situación sostienen que la prostituta no es realmente libre de elegir su pareja sexual. Arguyen que, bajo el condicionamiento de la necesidad económica, no existe verdadera libertad. Nótese por favor que nosotros pensamos esto. Aunque fue desagradable, tuvimos que meternos en la cabeza de las feministas para escribir esto.

No nos molestaremos en profundizar una refutación a tales interpretaciones absurdas. Bástese con saber que, en la vida real, todo trabajo realizado por cualquier persona se sujeta a las mismas condiciones que harían a la prostitución ilegítima bajo la óptica feminista: quien trabaja lo hace por aprovisionarse de bienes en el corto plazo ya que no pueden postergar su urgencia (necesidad económica), por lo que venden su mano de obra en el mercado de trabajo a cambio de capital para comprar bienes de consumo (sí, se venden como si fueran una mercancía porque el trabajo es, efectivamente, una mercancía). Esto es algo ya bien señalado por el economista, filósofo y sociólogo Hans Hermann Hoppe. Por eso la prostitución es como cualquier otro trabajo. De ahí se puede saber el por qué muchas feministas son, en paralelo, profundamente anticapitalistas (y separadas de la realidad).

Por estos motivos, Fanny —siendo escort y feminista al mismo tiempo— cae en un severo atropello contra sus propios principios. En su perfil web se vende como «la mujer ideal si quieres transportarte a un mundo diferente, lleno de placeres». Asegura que tiene 25 años, unas medidas de 90-65-90, 161 centímetros de altura y 55 kilos de peso. Dice que está disponible para las localidades de Girona-Costa Brava, que puede tener encuentros en hoteles y apartamentos pero que también puede acompañar en ‘‘viajes y veladas’’. ¿Sus servicios? Bueno, según ella es especialista en ‘‘besos, cubana, eyaculación corporal, fantasías, sexo oral natural, lésbico, lluvia dorada, masajes, striptease, tríos, intercambio, y ducha erótica’’.

Cobra 150 euros por 45 minutos y 300 euros por 90 minutos, pero solo trabaja desde las 12 AM. Recuerden que de día atiende el refugio de animales. ¿Este artículo sirve para hacerle publicidad? Aunque no es la intención, probablemente lo haga (pero no nos importa). No atacamos la libre iniciativa privada para ofrecer este tipo de servicios. Al fin y al cabo solo atropellaría sus principios si los quisiera mantener. En cualquier momento puede encarrilarse al reconocer la superioridad de los billete$ ante los principios feministas. Y si pretendiera seguir con su narrativa pese a contradecirse, ¿qué más da? No puedes esperar mucho de alguien que cree que los gallos violan a las gallinas.

3 Comentarios
  1. pura verga dice

    tipico de los zurdos
    falsos como solo ellos
    lo pueden ser

  2. Eliz SeRo dice

    Vaya… Vaya… En fin la hipocresía.

  3. FordESCORTxD dice

    Jajajajaja femipúta!!!..

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