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El oscuro historial de Fidel Castro con los homosexuales

El discurso habitual de los progresistas es que el ascenso de Castro en Cuba fue de lo más positivo, sin embargo, la historia cuenta otra cosa.

De Fidel Castro sus seguidores pueden decir muchas cosas: Que era un revolucionario, un comunista que luchaba por el bien del pueblo, un orador excelente. Sin embargo, nunca debe olvidarse que fue un opresor, torturador y asesino de personas homosexuales.

«Nunca llegaríamos a creer que un homosexual podría encarnar las condiciones y requisitos de conducta que nos permitirían considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero militante comunista», dijo Castro a un entrevistador en 1965. «Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debería ser un comunista militante».

A los ojos de Castro y su camarada revolucionario Che Guevara, que con frecuencia se refería a los homosexuales como maricone$, la homosexualidad era inherentemente contrarrevolucionaria, una decadencia burguesa. Con un machismo tradicional latinoamericano que veía la homosexualidad peyorativamente, se casaron con una fijación ideológica que la consideraba políticamente indeseable.

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Lo que pasó cuando Castro llegó al poder

No pasó mucho tiempo después de que Castro llegó al poder que la policía comenzó a arrestar a personas por su orientación sexual. En 1965, el régimen estableció campos de trabajo en prisiones conocidos como Unidades Militares para la Producción de Ayuda (UMAP), en los que puso a estas personas junto a testigos de Jehová y otros elementos «indeseables».

La Sociedad Mattachine, una de las primeras organizaciones de derechos gay en los Estados Unidos, realizó manifestaciones fuera de las Naciones Unidas y la Casa Blanca sucesivamente durante dos días. Cuatro años antes de los disturbios mundialmente famosos de Stonewall, estas fueron dos de las primeras protestas por los derechos de los homosexuales celebradas en los Estados Unidos. Ese mismo año, Allen Ginsberg fue expulsado de Cuba por difundir rumores de que Raúl Castro, el hermano y sucesor de Fidel como presidente, era homosexual y afirmaba que Guevara era «lindo».

Poner a los homosexuales en campos de concentración no es la única práctica que Castro tomó prestada de sus similares ideológicos nacionalsocialistas. Durante la crisis de los misiles cubanos, según los archivos de inteligencia alemanes publicados recientemente, este llamado antifascista intentó contratar a ex oficiales de las SS para instruir a su ejército.

Aunque el régimen cubano cerró los UMAP a fines de la década de 1960, continuó reprimiendo a los gay como elementos ideológicamente subversivos. A las personas que exteriorizaban su orientación se les impidió unirse al Partido Comunista y fueron despedidas de sus trabajos.

Uno de los escritores más distinguidos del país, Reinaldo Arenas, relató la experiencia en prisión que él y muchos otros hombres homosexuales soportaron en sus memorias Before Night Falls. «Era un lugar sofocante sin baño», escribió. “Los gays no fueron tratados como seres humanos, fueron tratados como bestias. Fueron los últimos en salir a comer, así que los vimos pasar y el incidente más insignificante fue una excusa para golpearlos sin piedad ”.

Los homosexuales constituían una porción significativa de los 125,000 cubanos («gusanos», en palabras de Fidel Castro ) a quienes se les permitió salir de la isla hacia Estados Unidos como parte del Mariel Boatlift de 1980. (El documental de 1984 Conducta impropia, que cuenta las historias de marielitos homosexuales y heterosexuales, sigue siendo una de las acusaciones más crudas del régimen de Castro.) Cuando el virus de la inmunodeficiencia humana golpeó a la comunidad gay de la isla a mediados de la década de 1980, la respuesta del régimen fue a poner en cuarentena a todas las personas seropositivas en los sanatorios, que el fundador del Programa Global para el SIDA de la Organización Mundial de la Salud denominó «prisiones bonitas».

El progresismo vanagloria el oscuro pasado castrista

Algunos progresistas caen en la farsa de lavado de cara comunista. Tomemos como ejemplo al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, un defensor de los derechos LGBT en su propio país, quien emitió una declaración exclusiva cuando falleció Fidel Castro:

«Sé que mi padre estaba muy orgulloso de llamarlo amigo y tuve la oportunidad de conocer a Fidel cuando mi padre falleció… Nos unimos el pueblo de Cuba hoy en duelo por la pérdida de este notable líder».

Y así como Trudeau, muchos otros caen en la misma situación, el olvido de todos los horrores que trajo el comunismo a Cuba.

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