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Laurel Hubbard será la primera «mujer transgénero» en las Olimpiadas

El Comité Olímpico de Nueva Zelanda confirmó que Laurel Hubbard, atleta de 43 años nacido hombre, participará en los Juegos Olímpicos de Tokio compitiendo contra mujeres en levantamiento de pesas.

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Kereyn Smith, la jefa del Comité Olímpico de Nueva Zelanda, liberó la lista de atletas que irán a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 representando al país. En la selección de atletas se encuentra la halterófila Laurel Hubbard, una atleta transgénero que nació hombre con el nombre de Gavin Hubbard. Si asiste, Hubbard se convertirá en el primer atleta transgénero que participa en los Juegos Olímpicos desde su concepción en 1894. ‘‘Me siento agradecida por la amabilidad y el apoyo que me han brindado los neozelandeses’’ declaró Hubbard en un comunicado referente a su elección. El organismo deportivo neozelandés remarcó que Hubbard cumple con los criterios de elegibilidad del Comité Olímpico Internacional. En 2015, el organismo que regula los icónicos juegos emitió una nueva pauta que permite participar a los atletas transgénero bajo determinadas condiciones. El único criterio evaluado es el de la testosterona.

Siempre y cuando los niveles de testosterona de Hubbard no superen los 10 nanomoles por litro doce meses antes de la competencia, puede participar. No es necesario que extirpen sus gónadas antes de competir o que realicen una transición completa para ser elegibles, de acuerdo al COI. Previa a su incursión en el levantamiento de pesas para mujeres, Hubbard participó en las competencias para hombres y su récord es de 287 kilogramos. Su transición es más bien reciente: no fue hecha antes ni durante la pubertad, sino en 2013 cuando pasó los 35 años de edad. Algunas atletas femeninas, como la levantadora belga Anna Vanbellinghen, creen que la inclusión de las personas transgénero no debe ser a costa de los demás. ‘‘Cualquiera que entrene levantamiento de pesas a un alto nivel sabe que esto es cierto. Esta situación en particular es injusta para el deporte y los atletas’’ dijo Vanbellinghen.

¿Es justa la participación de Hubbard?

Vanbellinghen afirma que estas disparidades hacen que hombres biológicos se apropien indebidamente de posiciones en el deporte femenino. ‘‘Se pierden oportunidades que cambian la vida de algunos atletas, medallas y calificaciones olímpicas’’ agregó. No es la primera vez que esta atleta transgénero causa una controversia por su posicionamiento en los deportes femeninos. Ciertamente el anuncio de su lugar en la comitiva neozelandesa solo reabre un debate ya vigente desde hace años, donde tuvo una mira especial. La última vez que Hubbard salió en los titulares y se discutió la participación de las personas transgénero en los deportes, se llevó la medalla de oro en los Juegos del Pacífico de 2019, celebrados en Samoa. Y es que aunque su testosterona esté controlada, el máximo que se le permite es cinco veces mayor que el de una mujer biológica. En síntesis, los límites del COI son muy laxos.

Aunque los límites de testosterona fueran los adecuados (que no lo están), existen otras ventajas que son pasadas por alto. Investigaciones han demostrado que las personas transgénero que hacen la transición después de la pubertad conservan ventajas de energía y fuerza. De hecho, un estudio publicado por el British Journal of Sports Medicine arroja que las mujeres trans pueden hacer 31% más flexiones y 15% más abdominales por minuto que sus pares biológicos. Todavía después de suprimir su testosterona por dos años, las mujeres trans eran 12% más rápidas en promedio que las biológicas. Los hombres biológicos también tienen en promedio 12 kilos más de masa muscular esquelética y una fuerza de agarre superior a 9 de cada 10 mujeres. Estas ventajas no son otorgadas inherentemente por la testosterona, sino por la complexión física normal de los hombres que les otorga mayor movilidad y control.

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