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Estas apps hacen llorar al marxista que llevas dentro

¿La tercerización un mal del que debamos cuidarnos, como funcionan las plataformas, deben reconocerme como trabajador? Respondemos estas y otras preguntas.

Rappi, Uber, Cabify, Fiverr, Freelancer, Upwork, PeoplePerHour, entre otras, hacen parte de ese sistema de libre mercado en donde las tareas temporales son comunes y las empresas contratan a personal independiente de forma esporádica para llevar a cabo dichas tareas. De esta forma, el colaborador puede controlar cuánto tiempo dedicará para realizar dichas tareas.

Por otro lado, cada una de estas plataformas tienen características muy particulares, las cuales molestan a un puñado de usuarios inconformes que por lo general no son marxistas o socialistas, pero usan los mismos argumentos para quejarse.


Agruparé esas molestias en 3 categorías: la tercerización, la falta de reconocimiento de los colaboradores como trabajadores y que el intermediario es el que se lleva la mejor parte de cada servicio.

¿Realmente la tercerización es Satanás encarnado?

No, no lo es. Cuando se dice que la tercerización es “mala” para el trabajador siempre se señala a que le pagan menos de lo que en realidad cuesta hacer ese trabajo. O que están tomando el trabajo como mercancía y que por eso explotan al trabajador.

Todo lo contrario, la tercerización es un eslabón vital para la eficiencia y la flexibilidad del mercado laboral. La libertad de subcontratar es importante porque el objetivo de la subcontratación cambia con el tiempo. Esto dependerá de la función de los costes, los salarios, los precios de alquiler, las condiciones de la demanda, etc.

Lo mismo ocurre con el servicio al cliente, los servicios de conserjería, el almacenamiento, los servicios de distribución, ingeniería e incluso la producción y el marketing. Cuanto más técnica y compleja sea la producción, más importante será la tercerización.

Admitiré que muchos gerentes y empleadores pueden ser “desalmados”, despiadados, injustos, poco visionarios y sencillamente estúpidos. A la larga, serán sustituidos o expulsados del mercado.

A corto plazo, la mayoría de los trabajadores simplemente consiguen un mejor trabajo o aceptan una mala gestión hasta que algo mejor aparece. La creación de empleo y un mercado laboral flexible son las claves para este tipo de protección laboral.


Y ahí es donde entra a jugar la subcontratación en línea (o gig economy), ya que es la manifestación moderna de la tercerización internacional y debería recibir el mismo apoyo de los economistas como lo recibe el libre mercado.

Usando Amazon Mechanical Turk, Upwork, o cualquiera de los cientos de otras plataformas, se puede ganar dinero con sólo una computadora y una conexión a Internet.

Estos microtrabajos en Colombia y el mundo, pueden ir desde transcribir un texto en una foto por 2 centavos de dólar el minuto a trabajos más avanzados como el diseño gráfico que puede llegar a pagar $200 USD la hora. Y lo mejor de todo: las personas pueden rechazar ofertas laborales tan pronto como detecten que están siendo maltratados.

Según Adam Smith, la división del trabajo “está limitada por la extensión del mercado“. Si la extensión del mercado está artificialmente constreñida por los políticos (nadie más tiene tal poder), es entendible que la división del trabajo y su progreso asociado, también estén estancados, dando como resultado un “nosotros” más pobres de lo que debiéramos haber sido.

Por lo tanto, siempre que los políticos intenten incitar al público contra el libre comercio de la mano de obra a través de plataformas digitales, debemos preocuparnos.

¿Deben las plataformas reconocerme como trabajador?

Todas esas conquistas sociales de las que tanto se alardean solo nos han hecho depender de un grupito de gente que se reúne una vez al año a decidir arbitrariamente, cuánto es el valor mínimo que debemos ponerle a nuestro trabajo o al de los demás, distorsionando así los precios asignados libremente por la oferta y la demanda, y volviendo engorrosos los procesos de contratación y el libre desplazamiento para encontrar un trabajo mejor.

Se dice que los eufemismos para designar a los trabajadores (“rappitenderos”, “socios”, “colaboradores”) se usan más que todo para evitar cualquier responsabilidad contractual que acarree una carga prestacional.

Un argumento contra lo anterior que tiene en cuenta la normatividad laboral colombiana vigente, se encuentra aquí. Sin embargo, en el artículo se resalta que “este tipo de trabajo no está regulado”, lo cual sugiere que el camino a tomar está claro: intervenir este mercado ya que es lo suficientemente visible para tomar cartas en el asunto como lo muestra esta torpe iniciativa política.

Todas estas acusaciones olvidan una cosa: los acuerdos voluntariosLa unidad básica de toda actividad económica es el libre intercambio, sin coacción, de un bien económico por otro (y el trabajo no se salva de esto).

Además, la decisión de participar en un intercambio se basa en las preferencias subjetivas ordenadas de manera ordinal, de cada una de las partes en el intercambio. Para lograr la máxima satisfacción del intercambio, cada parte debe tener plena propiedad y control del bien que desea intercambiar y puede disponer de su propiedad sin interferencia de un tercero, como el gobierno.

Lo que vemos en cada una de estas aplicaciones es que una empresa ofrece una plataforma para que dos partes se encuentren entre sí e intercambien bienes y servicios.

La empresa obtiene un pequeño porcentaje de la transacción por lograr establecer un lugar de encuentro para las mismas. Nada diferente de lo que una plaza de mercado hace en el día a día, al intermediar entre un cultivador y un consumidor final. La esencia del capitalismo o el trade-tested-betterment es el consentimiento mutuo.

George Orwell, en “La política y el idioma inglés”, escribió que “el mal uso o descuido de nuestra lengua hace que sea más fácil para nosotros tener pensamientos absurdos“.

Un buen ejemplo de tal estupidez, es el aumento de los ataques contra los acuerdos voluntarios con consentimiento mutuo -para ser redundante-, logrados en cada una de las plataformas que conforman la gig economy.

Detrás de estos ataques (por parte de personas que casi no entienden lo que están atacando) se esconde la idea de que requiere de un control gubernamental cada vez mayor.

Este control se traduce en reglamentos, resoluciones, legislaciones y todas las demás barreras pensables que ralentizan el libre intercambio entre las personas. Bien lo dicen los “colaboradores” de estas aplicaciones: “no somos trabajadores de nadie, solo aprovechemos esta plataforma para sacarle dinero”. Como debe ser.

El intermediario es el villano perfecto de todas las películas en las que se montan los socialistas

Contrariamente a la creencia popular, los intermediarios añaden valor al proporcionar una mayor accesibilidad del producto.

Los intermediarios bridan un servicio vital para el buen funcionamiento de la economía al facilitar las transacciones, nos ahorran más de lo que pagamos debido a su intermediación.

El mundo es un lugar vasto y el comprador y el vendedor adecuados pueden tener dificultades para encontrarse el uno al otro. Los intermediarios los reúnen. Lo que quieres es que el intermediario sea lo más eficiente y rápido posible.

¿Recuerdas que en los viejos tiempos teníamos agentes de viajes? Ahora, mientras que algunos agentes de viajes generalmente especializados todavía están por ahí, tenemos en su reemplazo a Expedia y Kayak; estas plataformas son mucho más fáciles de consultar, más baratas y más eficientes, es decir, son mejores intermediarios. ¿Y qué podría ser más fácil y eficiente que Amazon Mechanical Turk, Rappi o Uber?

¿Por qué las ideas socialistas son atractivas?

Para complementar y terminar, la economista Deirdre McCloskey nos regala una opinión sobre lo atractivo del socialismo:

“Creo que la atracción que ofrece el socialismo surge de nuestra experiencia como niños en una familia cariñosa, en la que los ingresos provienen misteriosamente de papá, y mamá es la planificadora central. 

A menos que seamos criados en una granja o en un pequeño negocio, no recibimos instrucción temprana sobre los encantos y los terrores del intercambio voluntario. Creemos que las órdenes gobiernan la economía de la misma manera que las órdenes gobiernan a la familia o a la empresa dentro de ella, aunque el niño no se da cuenta de que los precios son los que realmente gobiernan el mercado

Es chocante para un hijo de la burguesía como Marx, Engels y Lenin, encontrar que no pueden ordenar a los ricos que mitiguen la pobreza. No se le ocurre al niño que el intercambio voluntario y la ética liberal es lo que de hecho ha aliviado la pobreza. La ayuda no ha salido de la redistribución de la violencia estatal de los ricos a los pobres.”


Una característica destacada de nuestra época parece ser la invasión de las falacias anticapitalistas y un apoyo inminente a las ideas socialistas, pero, ¿por qué los no socialistas usan argumentos socialistas? No recuerdo exactamente dónde leí que las ideas pueden propagarse tan ampliamente que terminarían siendo utilizadas por personas que estarían en desacuerdo con los fundamentos que dieron origen a esa idea misma.

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