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Podemos: menores de edad cambiarán de sexo sin aprobación médica

Un borrador de Ley hecho por Irene Montero, militante de Podemos, Ministra de Igualdad y esposa del socialista Pablo Iglesias, expone que menores de edad podrán cambiar de sexo sin autorización de los padres y sin informe médico.

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En España los titulares se abarrotan con cuatro frases clave comunes: menores de edad, cambio de sexo, Irene Montero y Podemos. Sucede que un borrador al que han tenido acceso medios como TVE y El Salto propone que menores de edad puedan cambiar de sexo inéditamente. Parece que de acuerdo al documento filtrado, menores de edad que tengan más de 16 años podrán cambiar su sexo sin autorización de los padres. De acuerdo a quienes han tenido acceso, pocos son los cambios con la propuesta inicial hecha por el Ministerio de Igualdad en 2018. Aunque muchos destacan que la controversia en la norma recae sobre el cambio de sexo registral, también se pone al relieve otro hecho polémico. Este es que uno de los artículos de la propuesta original (el n° 13) expone que en el ámbito sanitario no cabría prestar consentimiento por representación a partir de los 16 años.

Eso supone que al momento de recibir prestaciones sanitarias, un menor de edad con 16 años no tiene que recibir autorización de sus padres o tutores legales. Según el artículo 14 del documento original interpuesto por Podemos, estas prestaciones incluyen tratamiento hormonal, operaciones quirúrgicas, prótesis y asistencia reproductiva. Irene Montero, la ministra de Igualdad que presentará el documento en los días próximos, propone ciertas renovaciones bastante fuertes. Algunos de estos son: 1) No esperar la mayoría de edad para cambiar el sexo en Registro Civil y cambiarlo. 2) No esperar el tiempo mínimo de persistencia (2 años) para comprobar que la persona tiene disforia de género y necesita los cambios. 3) Que los cambios de sexo tanto en el propio cuerpo de los menores como en su identidad registral no necesiten autorización médica, de un psicólogo, ni de los padres.

Ni padres, ni médico: ¿Arma de doble filo?

Viendo lo que compila El Periódico, el cambio sexo registral «en ningún caso podrá estar condicionado la previa exhibición de informe médico o psicológico alguno». Además, El País añade que los tratamientos de bloqueo hormonal y el tratamiento hormonal cruzado también podrán pedirse a partir de los 16 años. Para el caso de los menores de 12 a 16 años, el consentimiento se puede brindar a través de sus padres pero tienen la opción de no estar de acuerdo. Llegado ese caso, puede llamarse un defensor judicial para que el menor en cuestión pueda efectuar su cambio de sexo a través de él. Asumiendo que, como destaca El Salto, no hay cambios sustanciales desde la propuesta original, sabemos que los menores de edad pueden pedir prestaciones sanitarias para cambio de sexo también a partir de los 16 años. Pero, ¿y qué tanto daño podría efectuar esta normativa a los menores?

La DSM-5, guía de diagnóstico clínico de trastornos, espectros y disfunciones, recoge datos que levantan cautela sobre la disforia de género. «Sin duda, los estudios de seguimiento en niños que fueron referidos al medio clínico por un comportamiento propio de DG encuentran que la mayor parte de ellos ya no califica para ese diagnóstico formal en una fase avanzada de la adolescencia» explica la guía. Añade en sus páginas que menos del 50% de los menores de edad que se identificaban con otro género en su niñez llegaba con esa persistencia a la adultez. De hecho, un meta-análisis hecho por médicos de la Universidad de Valladolid especifica que solo el 20% de los niños prepúberes sigue identificándose con el género opuesto en la adultez. Pese a que la norma propuesta desde Podemos se enfoca en adolescentes, los especialistas proponen que la transición se acompañe por médicos, psicólogos y padres.

Vía a seguir que ignoran desde Podemos

La Guidelines for Pubertal Suspension and Gender Reassignemet for transgender adolescents, un manual más especializado, es bastante cauteloso en cuanto a los menores. A diferencia de lo que impulsa Irene Montero, la guía recomienda que la terapia hormonal se aplique con presupuestos contrarios a los impulsados la política. Las condiciones sugeridas son tener una evaluación exhaustiva de salud mental, tener una persistencia duradera e intensa y acompañamiento de los padres. También la Professional Association for Transgender Health sugiere que el uso de cirugías como parte del tratamiento irreversible sea a partir de los 18 años. Contrariando las recomendaciones profesionales, lo que sugiere Montero podría tener consecuencias muy negativas para los menores de edad que inicien un cambio de sexo. Esto aplica independiente de si se inicia a los 16 años o con ayuda de un «defensor» desde los 12 años.

La adolescencia  avanzada comprende edades que van mucho después de los 16 años que Podemos plantea como mínimo para cambiar de sexo (17 – 21 años). Además, para poderse conocer de manera certera si el individuo sigue necesitando una reasignación, obviamente se requiere evaluación médica y acompañamiento psicológico. Para intentar paliar estas problemáticas evidentes, el borrador propone que quienes tengan acceso a esta opción sean los adolescentes suficientemente maduros. Pero, seamos honestos, ¿cómo se juzga o cuantifica la madurez que tiene un adolescente para tomar una decisión tan crucial en su vida? Es cuando menos surreal pensar que se puede hacer peritaje para evaluar el caso sin peritajes médicos ni psicológicos detrás, justamente lo propuesto por Montero. Como salvaguarda, todavía la legislación está en negociaciones bullentes y necesita ser aprobado por las Cámaras Parlamentarias, pero muestra que la política no recela irresponsabilidades.

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