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Una Trampa llamada Ley Jones: proteccionismo en EE.UU.

La Ley Jones es una medida de proteccionismo que se dedica a regular el comercio marítimo en los Estados Unidos, con prácticas cómo con qué barcos deben operar y con quién podemos vender o comprar un bien. Esos barcos tienen que ser de ciudadanos estadounidenses, con bandera estadounidense, construidos en EEUU, y además los tripulantes tienen que ser estadounidenses.
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Esta ley orgánica que fue patrocinada por el senador Wesley R. Jones del estado de Washington se aprobó como parte de la “Merchant Marine Act 1920”, con intención de garantizar la participación de los ciudadanos a integrarse a una marina mercante y aumentar el empleo en la mano de obra y la industria local. Se respaldan la seguridad nacional y protegen la economía nacional estadounidense. En Puerto Rico se la ha permitido el proteccionismo desde 1900, cuando el congreso aprobó la primera ley orgánica, Ley Foraker en cual nos dio los tres poderes, ejecutivo, legislativo, y judicial. Se aprueba la segunda ley orgánica, Ley Jones en el 1917 cual nos rige hasta el día de hoy.

Se prohiben que otros países participen, en el área costera de EEUU y de cualquier territorio incorporado como Alaska y Hawaii , y no incorporados como Puerto Rico y Guam. Una medida de proteccionismo que no nos permite comercializar con otros países, y elevar la competencia de comercios con todos los países. Vamos a establecer un caso: si Puerto Rico quiere comprarle un bien a Panamá, para comprarlo tiene que ser mediante EEUU, Panamá no la trae a Puerto Rico, sino que lo trae a los EEUU en cualquier puerto por ejemplo Florida, y tienen que seguir un protocolo hasta que finalmente lo traen a Puerto Rico.

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Proteccionismo: fracaso a lo largo de la historia

Históricamente el proteccionismo ha fracasado; solo beneficia a los grandes intereses. El economista español Daniel Lacalle en su columna EL ESPAÑOL, bajo el título “El proteccionismo solo protege al gobierno”, explica como las leyes proteccionistas se basan en el beneficio del estado con las siguientes falacias:

Las industrias de baja productividad

No son competitivas, van a empezar a serlo por limitar el comercio con países que tienen menores costes. Empíricamente es falso y ni el porcentaje de importaciones de países “baratos” como él llama se disparó antes, ni se aumenta la producción local por eliminar el comercio.
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Se crean más puestos de trabajo y con mejores salarios.

El único efecto real es que se disparan los precios por el aumento de aranceles y las industrias obsoletas caen igual. No se mejora el empleo ni suben los salarios porque la sobrecapacidad se perpetúa. En efecto colateral añadido es que aumenta la inflación y, con ella, los tipos de interés reales, se llevan por delante a los sectores de baja productividad por el aumento de sus costes financiero.

Las empresas se irán a mi pueblo porque lo diga un comité.

La idea de unos y otros defensores del proteccionismo, de la izquierda a la derecha, se alimenta de la idea de que las empresas que hoy contratan y fabrican en India o México o Suiza se irían todas a Texas o a Madrid o Albacete. No ocurre. Si pensamos que una industria que no es competitiva hoy, lo va a ser por un arancel del 35% a sus competidores, podemos olvidarlo. Simplemente se cierran negocios, y los más desfavorecidos son los países pobres, que sufren el doble efecto de la inflación, menor comercio y el cierre de empresas.

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Pensar que la autarquía es posible en economías y empresas abiertas.

Cuando se habla de autarquia, es una economía que puede ser autosuficiente sin ayuda de nadie.  El ejemplo de Renault es una empresa global no francesa, ni lo es la inmensa mayoría de los grandes sectores. La llegada del intervencionismo mercantilista solo alegra a los sectores rentistas, que ni crean empleo ni mejoran la productividad. Y siguen en proceso inexorable de desaparición por obsolescencia. ¿Saben esto los populistas de puño cerrado y los de mano abierta? Claro. El historial de fracaso del proteccionismo es tan apabullante que sólo un político podría ignorarlo pensando que “esta vez va a ser diferente” porque lo aplique él o ella. Pero esos populismos son también los que llaman “estratégico” a los rentismos clientelares. Estratégico para administrar las migajas de lo que queda. Y es que lo que esconde la falacia del proteccionismo es nada más que promover el intervencionismo. No se trata de proteger a uno u otro país sino de imitar esas posturas que nos va llevar a la crisis.

En conclusión, si le damos más poder a los políticos y control sobre la actividad económica, nosotros caemos en la mentira de que la globalización es un mal en absoluto y que si promovemos una economía nacional, vamos a estar sanos y salvos. Mientras tanto, el gobierno que le promete que usted estará mejor empobreciendo al vecino, se beneficia, convirtiéndose en el que impone las decisiones de inversión o contratación.
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Referencias:

Maritimelawcenter

Elespanol.com

Lexjuris.com

Lexactajones

Noticel.com

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