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El marxismo cultural: la estrategia para destruir las libertades económicas y políticas desde adentro

Los “antisistema”, es decir, los que adversan el sistema de mercado, han penetrado y se confunden como parte de diferentes movimientos sociales.

Se conoce como marxismo cultural a un conjunto de ideas que tienen su base en la teoría marxista pero que desechan algunos de los dogmas del materialismo histórico y la teoría social de Marx.

El marxismo cultural rompe con el dogma marxista clásico de que el cambio del sistema capitalista a uno socialista solo podría realizarse con la maduración de condiciones económicas debido al desarrollo de las fuerzas productivas e introduce la estrategia del cambio de sistema mediante el cambio de superestructura ideológica, esto es, de las ideas, creencias, valores, normas de comportamiento predominantes en la sociedad, en una palabra, de su cultura.

“Las iteraciones populares del marxismo cultural se revelan en el uso casual de términos como “privilegio”, “alienación”, “mercantilización”, “fetichismo”, “materialismo”, “hegemonía”, “patriarcado”,  “superestructura”. Como escribió Zubatov para Tablet, “Es un paso corto desde la «hegemonía» de Gramsci hasta los memes tóxicos ahora ubicuos de «patriarcado», «hetero normatividad», «supremacía blanca»,…“ Allen Mendenhall en El marxismo cultural es real.

A esos agregaría otros como “consumismo”, “obsolescencia programada”, “discriminación”, “opresión”, “fundamentalismo” ya sea religioso, liberal, o cualquier otro enemigo, y hay más. En América Latina particularmente, el secular antiimperialismo y “el imperio” pertenecen al lenguaje de estos grupos.

En Europa y en todo el continente americano, los “anti sistema”, es decir, todos los que adversan el sistema de mercado, han penetrado y se confunden como parte de diferentes tipos de movimientos sociales, llámense anti-racistas, anti-fascistas, feministas, movimientos pro LGTB, ecologistas o ambientalistas, muchas veces distorsionando los objetivos genuinos y originales de estos movimientos.  Los marxistas, neo marxistas, o socialistas han logrado imponer, en mayor o menor grado, su agenda anti sistema en ellos, de modo que todos tienen en común el mismo objetivo: acabar con el sistema “opresor”. Es así que participan de diferentes conflictos, construyendo nuevos antagonismos y ampliando el alcance de sus objetivos

Es al italiano Antonio Gramsci a quien se le atribuye el esquema que ha servido de base al movimiento cultural marxista en el mundo occidental. La estrategia que Gramsci desarrolló

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“no era una refutación de la revolución como tal, sino sólo una táctica diferente  ̶una táctica que requería la infiltración de organizaciones influyentes que integran la sociedad civil. Gramsci comparó esas organizaciones con las “trincheras”, desde donde se llevaría a cabo la guerra posicional.

Gramsci habló de organizaciones que incluían a iglesias, organismos de caridad, medios de comunicación, escuelas, universidades y el poder “económico empresarial” como organizaciones que necesitaban ser invadidas por pensadores socialistas.

Aquí él se estaba refiriendo a una nueva voluntad colectiva entre las masas, que coincide con tener a la gente correcta en las posiciones estratégicas de la sociedad civil y de las burocracias estatales.

…la “larga marcha a través de las instituciones” es un intento deliberado de crear las mejores condiciones para el derrocamiento final de nuestra sociedad de propiedad privada. Su éxito sería un desastre. Bradley Thomas. Antonio Gramcsi: padrino del marxismo cultural

Y qué propone Gramsci? Pues que el Estado puede ser permeado desde la sociedad civil y que, en todo caso, su destrucción como “organismo al servicio de la clase dominante” no se agota en la destrucción del Ejército y de la burocracia al modo que Lenin proponía, sino fundamentalmente en la destrucción de la “concepción del mundo” que produce y reproduce el Estado para el mantenimiento de su hegemonía cultural, y su reemplazo por una nueva. Gramsci está proponiendo, en una palabra, dar una lucha cultural que socave la hegemonía ideológica de la “clase dominante” adueñada del Estado.

Dos de esos intelectuales que abandonaron y reinterpretaron los dogmas marxistas clásicos, fueron el argentino Ernesto Laclau y su mujer Chantal Mouffe.

… El post-marxismo de Laclau y Mouffe tiene centro en la supresión del concepto de “clase social” como elemento teórico relevante para la izquierda…. ponen el acento en la construcción discursiva de los sujetos. ¿Qué significa esto? Pues que los discursos ideológicos pueden dar origen a nuevos agentes de la revolución. Simplificando un poco: hay que fabricar y difundir relatos que vayan generando conflictos funcionales a la causa de la izquierda.

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De lo que se trata es de abordar la democracia liberal y radicalizar su componente igualitario a tal punto que aquélla termine siendo diezmada desde su propio seno; que sea barrida por su propia lógica; destruir la democracia desde adentro, y no desde afuera. Ese objetivo termina de evidenciarse en el subsiguiente libro de Laclau: “La razón populista”.

Nicolás Márquez y Agustín Laje. El Libro Negro de la Nueva Izquierda. Unión Editorial | Centro de Estudios LIBRE. 2016.

Más recientemente, entre los intelectuales que no se confiesan abiertamente como post marxistas pero que para efectos prácticos levantan las mismas banderas, tenemos personajes influyentes como Noam Chomsky, lingüista, quien recientemente dijo que la primera gran lección de la pandemia actual es que nos enfrentamos a «otro fracaso masivo y colosal de la versión neoliberal del capitalismo»; Joseph Stiglitz, economista estadounidense, recientemente escribió un artículo en el que dice que “La forma de globalización prescrita por el neoliberalismo dejó a individuos y a sociedades enteras incapacitados de controlar una parte importante de su propio destino.”; Thomas Piketty, economista francés, en su libro “Capital e Ideología”, dice que “la desigualdad tiene un origen ideológico y político” y que debe imponerse un impuesto del 90% sobre los más ricos; El teórico alemán Heinz Dieterich, ex asesor de Chávez y célebre académico del “socialismo del Siglo XXI”, escribe que no se trata de la búsqueda de un mítico “sujeto de liberación predeterminado, sino del reconocimiento de que los sujetos de liberación serán multiclasistas, pluriétnicos y de ambos géneros”; el filósofo y ex guerrillero boliviano Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia, hace hincapié en la cuestión indigenista en concreto, y explica esta traslación del sujeto revolucionario dada entre el histórico “obrero explotado” al actual “indígena colonizado” a través del hilo conductor del marxismo.

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El movimiento feminista también ha sido utilizado por los marxistas culturales que proponen acabar con el “patriarcado” a través de una revolución social. El segmento ateo identifica a la Iglesia Católica como un bastión de ese “patriarcado”. Las quemas de iglesias en Chile en 2019 mostraron el grado de violencia al que llegan a recurrir. Una ideóloga marxista dice que

“… La crisis estructural del capitalismo y su desesperada búsqueda de nichos de beneficio saca otra vez a escena nuevas/viejas formas de acumulación de capital en el que las relaciones de opresión y explotación se entrecruzan: esclavismo, patriarcado, racismo, dominación cultural y lucha de clases.

La lucha internacionalista que inevitablemente se enfrenta a vida o muerte a la necesidad de destruir el capitalismo y construir el socialismo debe ser obrera, mujer, de todas las razas y de los pueblos por sus derechos nacionales.” Ángeles Maestro. Feminismo marxista. Notas acerca de un proceso en construcción. 2013.

El marxismo cultural es entonces una transformación de la teoría marxista clásica para perseguir el mismo fin, la colectivización de la sociedad mediante la destrucción de la democracia, la propiedad individual y el libre mercado. Las revoluciones mediante luchas guerrilleras o golpes de estado ya no son aceptados por la comunidad internacional como medios legítimos para hacerse del poder. De ahí que la izquierda ha estado usando a movimientos sociales de diferentes tipos para alcanzar el mismo objetivo. El lobo disfrazado con piel de oveja.

Arturo J. Solórzano
Economista y especialista en emprendimiento
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