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Reducir el gasto público es posible, debemos presionar al gobierno

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El presidente 2018-2022 debe sentir la presión de los ciudadanos, debemos exigir lo que nos interesa a partir de hoy que no es otra cosa que salir del continuo aumento del gasto público.

Contrariamente a lo que uno podría creer y como mostraré, es extremadamente simple reducir el gasto público.

Los estudios de PricewaterhouseCoopers muestran que la tasa impositiva en el sector empresarial colombiano es del 70% de la riqueza producida, y que el número de funcionarios del gobierno en Colombia se encuentra entre los más altos de Latinoamerica. En Colombia, por ejemplo, el sector público distribuye una cantidad exorbitante de bienes, servicios y servicios gratuitos o casi a la población, que de hecho se financian con gravámenes ya sea en empresas, impuestos o contribuciones de todo tipo, y esto es muy poco conocido por el ciudadano colombiano del común. Por ejemplo, el ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro durante su gestión descaradamente aumentó las nominas paralelas hasta en un 40%. El resultado general de medidas como esta es una asfixia gradual de todo el erario público, así las empresas pierden competitividad todos los días (especialmente a nivel internacional).

Como el caso de Bogotá son muchos los que se cuentan por montones en todo el país. Esto a su ves genera un efecto tijera, es decir, un aumento constante en el gasto público y una reducción en las contribuciones potenciales de las empresas y los sujetos pasivos, lógicamente con la amenaza de terminar en una parálisis general del sistema. Todos los países del mundo, al menos los de la OCDE, han entendido este mecanismo y han aprendido a controlar este cambio desde el estado de bienestar máximo de 1995 y las crisis como la de 2008, excepto Colombia.

Lo que nos interesa hoy es ¿cómo salir de esto? Todos los países, Suecia, el ex campeón mundial del sector público en su momento, han resuelto el problema al establecer restricciones estrictas al gasto en un mundo en crecimiento. Esto significó ingresos adicionales a un costo constante, disminuyendo gradualmente el peso relativo del estado. En Reino Unido y Canadá, por su parte, han actuado tanto en el crecimiento de los ingresos como en la disminución absoluta del gasto, es decir, el gobierno en varias áreas. Por lo tanto, Colombia debería tomar nota de los casos de éxito y también debería encender activar la bomba: ¡al menos congelar los gastos! e inyectar esperanza y confianza.


Nos vamos dando cuenta que para resolver una crisis de este tipo, no hay que escoger entre miles de soluciones solo medidas básicas: la segunda que se debe tomar y, además, la más poderosa es mejorar los ingresos fiscales… es posible. La empresa (y el inversor del contribuyente) se orientarán más a contribuir si descubren que la máquina que se los ataca constantemente está detenida o por lo menos redujo significativamente sus ataques. Además, si el estado quiere que las empresas paguen, en su lugar, entonces tiene que compensar ese servicio comercial. En términos concretos, esto significa mejorar su financiamiento, pero también apoyarlos en innovación, desarrollo, mejora de márgenes y exportaciones. El aumento en los ingresos fiscales, por supuesto, vendrá del desarrollo de la actividad comercial.

La otra medida más sutil, es quitar responsabilidades al gobierno: el estado continúa legislando y decretando, lo que generalmente resulta en nuevas restricciones financieras o regulatorias para las empresas o los contribuyentes. Detengamos eso o exijamos que cualquier disposición nueva sea compensada por una disminución de las restricciones en otros lugares o que directamente se eliminen dos o más leyes ya creadas, Canadá es un ejemplo de esto. Esta disposición, en principio, jamás ha sido pensada en Colombia, pero debería hacerse porque realmente es efectiva. Esto significaría que por primera vez el infierno de regulaciones colombiano estaría pavimentado con buenas intenciones.

Mejorar el nivel de vida para todos viene, ante todo, del continuo crecimiento de la productividad: si los funcionarios públicos no pueden o no quieren hacer su parte en este desafío permanente, perturbarlo es un requerimiento, es ciertamente necesario. Los colombianos debemos considerar por primera vez en nuestra historia excluir a los políticos que se benefician del gasto publico de mejores niveles de vida a costillas de los contribuyentes. El presidente 2018-2022 debe sentir que cada parte de su viaje es por una carretera llena de piedras. La labor de nosotros es difundir en todo momento las ideas de un Gobierno pequeño y menor gasto público.


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