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Subsidios en Colombia, desincentivan al trabajo y generan mas pobreza

Sin duda el esquema de redistribución de la riqueza mediante subsidios en Colombia debe cambiar, porque solo es un desincentivo a la creación de riqueza.

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Como todos sabemos, la mayoría de las sociedades transfiere enormes recursos a los diferentes ciudadanos de sus poblaciones. A través del bienestar se redistribuyen, cupones de alimentos, vivienda, atención médica, control de alquileres, impuestos progresivos, salarios mínimos y muchas, muchas más políticas.

Al igual que con la atención médica, los beneficios de la redistribución ahora se toman como dados por una fracción muy amplia de la población. Según la hegemonía colectiva la gran mayoría de las personas creen que deberíamos redistribuir los ingresos y, de hecho, siempre esta misma debería ir en aumento.

Desde una perspectiva libertaria. Las justificaciones subyacentes para hacer la redistribución no son tan convincentes. Incluso si son parcialmente convincentes, el impacto es potencialmente más dañino que beneficio real. Pero entonces, ¿Qué deberíamos hacer?

Redistribución de la riqueza, sin bases sólidas

Primero pensemos en los diferentes argumentos para que exista una redistribución en Colombia basada en subsidios. ¿Qué tan convenientes son estos? El primero se conoce como el argumento utilitario.

Este dice que cada individuo obtendrá algún beneficio, cierta satisfacción, algunos servicios que podemos medir a partir de cierta cantidad de ingresos, y que esta relación entre la cantidad de felicidad que tiene y la cantidad de ingresos es totalmente igual para todos, y que las personas experimentan lo que se conoce como disminución de la utilidad marginal.

Por ejemplo: si obtienes un millón de pesos extra; te hará más feliz si obtienes otro millón de pesos después, pero no tanto como el primer millón, y así sucesivamente.

Entonces, bajo esa premisa, la felicidad adicional que obtendría Luis Carlos Sarmiento Angulo si obtuviera un millón de pesos adicionales sería inapreciable, sin embargo, el millón de pesos adicional para alguien que está muriendo de hambre sería brutalmente sustancial debido a la disminución de la utilidad marginal.

Según lo anterior, si transferimos recursos de Luis Carlos Sarmiento Angulo a alguien que es muy pobre, tendremos una mayor utilidad agregada al quitársela a su poseedor original, quien apenas recibió utilidad alguna del último millón que ganó.

subsidio de familias en accion
Después de varios años, Familias en Acción, uno de los subsidios más extendidos en Colombia no muestra reducciones significativas en la pobreza.

Aparentemente el efecto es netamente positivo, pero todo es suposición. No existe tal cosa para los economistas como una utilidad mensurable, fácilmente uno podría usar el mismo argumento para justificar el tomar dinero de gente pobre para dárselo a personas incluso más pobres al asumir un conjunto de condiciones. No es un argumento convincente y la mayoría de economistas no lo aceptan como una base para la redistribución.

Vayamos a otro de los argumentos el cual tiene un apoyo más amplio y una base en la economía más sólida.

Se conoce como el bien público o el argumento de la compasión. Dice que a todos les gustaría evitar tener personas pobres en la sociedad. No quieren que nadie se muera de hambre o esté enfermo sin poder acceder a un tratamiento.

También dice que muchas personas no participarán deliberadamente en organizaciones benéficas privadas para ayudar a los menos afortunados por su cuenta. En cambio, tratarán de aprovechar las contribuciones hechas por otras personas.

Esperarán y verán si otros ejercen algún tipo de caridad privada, que los Sarmiento, los Santo Domingo, los Gilinski y los Ardila Lülle hagan eso, para que no tengan que molestarse.

Si eso sucede, si muchas personas optan por viajar gratis, entonces la cantidad de obras de caridad privadas podría ser pequeña, más pequeña de lo que la mayoría de las personas desearía si supieran que todos estaban participando.

Por lo tanto, es posible que obtenga menos provisiones de caridad que el interés general de la sociedad y ahí es donde entra el Gobierno para abordar la situación forzando a todos a contribuir.

Una lógica que no justifica la redistribución

Aunque lógico, esto no implica necesariamente que deberíamos tener grandes cantidades de impuestos. Dice que hay un poco de beneficio al ayudar a las personas pobres a no serlo tanto, pero de ninguna manera, dice que deberíamos redistribuir masivamente en todos los ámbitos, o que deberíamos castigar sistemáticamente a la lista de los más ricos de Colombia tratando de tener una tributación altamente progresiva que les quite muchos ingresos.

Simplemente estaríamos defendiendo una red de «seguridad» para los más pobres y no necesariamente una de calidad. Entonces, ese argumento, quizás razonable, no justifica nada porque en realidad el número de personas que han salido de la pobreza con estas ayudas es cercano al cero.

Ahora suponiendo que el beneficio que obtenemos es tangible ¿cuáles son las cosas de las que hay que ser cautelosos incluso al diseñar programas de subsidios?

Primero, cualquier tipo de redistribución puede generar desincentivos. La gente sabe que van a tener algunos ingresos por no trabajar. Algunas personas trabajarán menos, no ahorrarán, tampoco se ocuparán de sus responsabilidades, se casarán con alguien que pueda cuidarlos, etc.

Por lo tanto, hay claras pérdidas de eficiencia incluso con un gasto limitado contra la pobreza, contando con que en realidad lo fuera. Pero no todo termina ahí, hay una distorsión adicional debido a que los impuestos alteran el comportamiento económico y reducen la eficiencia. Esto debería tenerse en cuenta en cualquier análisis de redistribución por parte del Gobierno, sin embargo, nunca lo hacen.

El objetivo del populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse de gestionar el asistencialismo

— Daniel Lacalle (@dlacalle) 26 de diciembre de 2015

Como si lo anterior fuera poco, la redistribución del gobierno también tiene el potencial de desplazar a la caridad privada. De hecho, hay muchas pruebas que lo demuestran.

Los aumentos en el apoyo gubernamental a los pobres han reducido significativamente las donaciones privadas y los esfuerzos para ayudar a los pobres, si usted quiere comprobarlo, tome unas cuantas horas de su día, sitúese cerca de una de las cajas en Almacenes Éxito y con libreta en mano anote cada una de las respuestas de los compradores cuando se les sugiere alguna donación, sus conclusiones serán desesperanzadoras, en el mejor de los casos solo una tasa de 100 a 1 aceptaran.

Entonces, eso por sí solo no te dice automáticamente que la redistribución del gobierno es mala. Simplemente te dice que no es necesario porque se trata principalmente de compensar, de mala forma, lo que de otro modo ocurriría en organizaciones benéficas privadas.

Por lo tanto, muchas personas que potencialmente podrían ser donadoras de forma voluntaria parecen querer hacerlo menos si saben que el gobierno les forzará de todos modos.

Subsidios, desincentivo al trabajo

No menos importante, está el detalle de que proporcionar cada vez mayores fondos a subsidios, tiene el potencial de causar envidia entre los posibles destinatarios.

Siempre existirá el que no sea lo suficientemente pobre como para calificar al subsidio, y entonces este dirá: «Oye ¿Por qué yo no también?» Al final buscará formas presión para que las políticas se expandan y ¡Oh sorpresa! adivina a quién beneficia esto.

Peor aún, es un efecto en cadena, nuevamente las personas que son un poco menos pobres volverán a decir: «Oye ¿Por qué yo no también?» Se convertirá en una espiral destructiva en la que cada vez son menos las personas incentivadas a crear riqueza.

A su vez esto nos lleva a grandes cantidades de impuestos que terminan por generar mayores desincentivos como explica Daniel Lacalle en el video anterior.

En conclusión, los argumentos para una redistribución general para acabar con la pobreza no son convincentes, pero tampoco completamente ilógicos.

Es evidente que si mantenemos un Estado, deberíamos mantener cierto gasto destinado a las personas menos favorecidas, pero en Colombia todos los programas están mal diseñados.

Una estrategia mucho más efectiva, que generaría incentivos al trabajo y por consiguiente a salir de la pobreza es hacer una sumatoria de todos los subsidios que una persona en condiciones de pobreza recibe al año y entregarlos en un solo pago.

La persona receptora puede elegir gastarlo o ganar tanto como quiera y en ambos casos devolverá parte de los subsidios que recibió a base de impuestos cuyo destino será el mismo programa del que se benefició, así se logra que dicha persona se sienta mejor saliendo a generar riqueza que quedándose en casa a esperar más subsidios.

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