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El día que los talibanes mataron a una mujer porque no les pudo cocinar

No es que ella no les quisiera cocinar: era tan pobre que no tenía comida en su casa, pero eso no evitó que Najia, mujer de 45 años, fuera asesinada a golpes por guerrilleros talibanes.

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Afganistán es el noveno país más pobre del mundo después de República Democrática del Congo y Sierra Leona, con 592 dólares de renta per cápita. Dentro de Asia y ajustado a las diferencias de precios entre países, el país árabe es el segundo más pobre del continente, luego de Yemen. En estos términos, no es extraño que un tercio de la población viva con menos de 1.90 US$ al día y el 47.3% viva debajo de la línea nacional de pobreza. Con el regreso de los talibanes al poder, no hay certeza de que la prosperidad toque a Afganistán, pero sí de que los actos degradantes se institucionalizarán. CNN cuenta la historia de Najia, una mujer afgana de 45 años que fue asesinada cruelmente por los talibanes en julio pasado. ¿Qué hizo Najia para ser asesinada? No cocinarles cuando entraron a su casa porque no podía aprovisionarlos.

Mazinha, hija de la mujer asesinada, cuenta que 15 guerrilleros entraron a su casa demandando agua y comida. Fueron por varios días —tres para ser precisos— y todos recibían la misma respuesta: la familia no se encontraba en condiciones de ofrecer tanta comida. No es para menos, pues por sí solo el grupo familiar estaba compuesto de cinco personas que, sumadas a los talibanes, sumaron 20 comensales. ‘‘Mi madre les dijo: «Soy pobre, ¿cómo puedo cocinar para vosotros?» y los talibanes empezaron a golpearla. Mi madre se derrumbó y la golpearon con sus armas AK47’’ contó Mazinha de 25 años a CNN, explicando cómo militantes del movimiento armado mataron a su madre. Tanto Mazinha como Najia son alias usados por CNN para proteger la integridad de la familia evitando que el grupo la asocie con el suceso.

Cómo la mujer es (mal)tratada por el régimen talibán

Cuando los militantes talibanes golpearon con la culata de las AK-47 a Najia, su hija les pidió que se detuvieran. Lo hicieron, pero un momento después lanzaron una granada a la habitación siguiente para que la casa se quemara, como una forma de desquitarse. Najia no murió por las llamas que consumieron lo que minutos antes era su hogar, sino por la golpiza que los talibanes le propinaron. Uno de los detalles más escabrosos contados por una mujer afgana vecina de Najia fue que ambas son viudas precisamente por culpa de los talibanes.

Quienes no fallecen combatiéndolos, son secuestrados para ser sometidos a la conscripción forzosa y servir del lado talibán. No es extraño, pues hasta los civiles masculinos son amenazados si no abandonan los gustos occidentales que pudieran adoptar. “No tenemos hombres en casa, ¿qué vamos a hacer?” se pregunta la vecina.

La Sharia —como se le conoce al cuerpo jurídico islámico— tuvo su interpretación más radical por parte del régimen talibán entre 1996 y 2001. Por entonces, las mujeres vivieron prácticamente en arresto domiciliario donde ni siquiera se les podía ver desde fuera. Los talibanes dieron la orden de polarizar las ventanas para que ningún extraño viera a las mujeres, quienes tenían su libertad de movimiento restringida.

Con el grupo armado en el poder, solo pueden salir si van acompañadas de un mahram (pariente cercano) y con un burka que les cubra hasta los ojos. Si salen, no pueden llevar zapatos de tacón alto, ni perfume, ni deben hablar, porque los talibanes dicen que pueden excitar a los hombres. Bajo el mandato talibán, este tipo de «crímenes» se pagan, dependiendo del estado civil de la mujer, con latigazos o lapidaciones públicas.

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