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Triunfo de Donald Trump en Corea debería significar el Premio Nobel de la Paz

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El Comité Noruego del Nobel tiene una especie de fetiche para otorgar el Premio de la Paz a los políticos estadounidenses de centro izquierda, independientemente de su mérito.

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Surge la duda de si Trump debe ganar el Nobel de Paz por sus logros en Corea del Norte

Varios altos mandos en Estados Unidos han recibido el que es considerado uno de los premios mas codiciados para un mandatario, el Nobel de Paz. Jimmy Carter, se involucró en décadas de iniciativas de paz, todas insignificantes, y así recibió el premio en 2002. El ex vicepresidente de los EEUU Al Gore, por otro lado, ganó el premio solo por un celebre aval contra el cambio climático.

En el caso de Barack Obama en 2009, el razonamiento era aún más débil: ni siquiera había estado en el cargo un año y no había logrado prácticamente nada por la causa de la paz durante ese tiempo. Pero era un símbolo de esperanza para la gente de centro izquierda de todo el mundo, que aún no podían imaginar la anarquía que traería a Libia o las incesantes guerras que libraría con drones.

El premio de este año debe ser para un líder estadounidense que se lo haya ganado, al menos por una vez: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. ¿Pero el Comité Nobel se liberará de su camisa de fuerza ideológica para dárselo? Trump es todo lo que Obama no era. Él es un hombre de derecha, no de izquierda. Él es impetuoso e intensamente detestado por gran parte de la opinión mundial, especialmente la opinión de élite. Obama tuvo un toque suave y fue amado casi tanto como se desprecia a Trump. Sin embargo, lo único que debería importar es lo que Trump ha logrado, en contraste con lo que Obama no hizo.

Si, el presidente Trump logró negociar el fin de las provocaciones nucleares del dictador norcoreano Kim Jong un, así concluyendo la crisis más peligrosa que enfrentó el mundo moderno. Incluso esto implica que Trump ayudó a traer una conclusión no violenta a una guerra que oficialmente duró 67 años. El Norte y el Sur nunca llegaron a un acuerdo de paz formal en la Guerra de Corea y hasta hace unos días solo tenían un armisticio para suscribir el alto el fuego. Sin embargo, ahora, Seúl y Pyongyang han comenzado a avanzar hacia conversaciones de tratados como parte de un esfuerzo más amplio para resolver el impase nuclear, con el presidente del Sur, Moon Jae, en la reunión con Kim en una cumbre histórica.

Un presidente estadounidense ganó por primera vez el Premio de la Paz en 1906, cuando Theodore Roosevelt lo recibió por intermediar la paz en la Guerra ruso japonesa. Lo que Trump logró en la península de Corea es un triunfo incluso mayor que solo diplomacia. De hecho incluso si el resultado hubiera sido inferior a lo que la administración Trump pidió en sus demandas máximas: la desnuclearización total de Corea del Norte, el logro del actual presidente de los Estados Unidos aún hubiera mantenido el potencial de Nobel.

Trump, mas meritos que cualquiera para el Nobel de Paz

Todo lo anterior debería ser lo suficientemente bueno para el Comité del Nobel. Pero el contraste entre Trump y Obama sugiere por qué podría no serlo. Obama llegó al poder con la promesa de buscar la paz al estilo de la izquierda, a través de la humildad y la comprensión. Su apariencia contó por mucho el ganar el premio, sin realizar merito alguno. El presidente Trump ha utilizado un lenguaje duro y la amenaza de la violencia para cambiar el cálculo de la guerra y la paz en Corea. El método tanto como el hombre puede ser desagradable para el panel.

Incluso la filosofía diplomática de Roosevelt hace un siglo «Habla en voz baja y lleva un gran garrote» puede ser demasiado para el comité actual. El enfoque de Trump de tuitear en voz alta, por así decirlo, mientras blandir su bastón puede contarse como la desaprobación total.

Sin embargo, si el Premio de la Paz sirve para hacer algo bueno en el mundo, no puede reservarse para las figuras y causas de moda en la izquierda como la basura de paz de nuestro flamante presidente Juan Manuel Santos. La paz es una meta práctica, no un ideal no mundano. Los medios para lograr la paz y los líderes que lo hacen mejor no siempre son bonitos.

El Comité del Nobel y la comunidad de opinión que considera el Premio de la Paz como una afirmación de religiosidades liberales pueden considerar que Trump es desagradable. Sin embargo, está destinado a ser el hombre más merecedor del honor en décadas. Si eso parece chocante, es una conmoción que debería provocar un replanteamiento de cómo las relaciones internacionales realmente funcionan. Años de diplomacia convencional con Corea del Norte solo llevaron a que la dinastía Kim adquiriera armas nucleares y los misiles capaces de llevarlos a otros continentes. Hacer las paces exige un nuevo enfoque, y el presidente Trump lo ha conseguido.

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