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Nuevo estudio muestra que las cuarentenas destruyeron la economía, no el virus

La Oficina Nacional de Investigación Económica encontró que "la aplicación de restricciones obligatorias" parece haber provocado el colapso de las ventas en California.

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El mundo puede estar acercándose al final de la pandemia de coronavirus (o al menos eso esperamos), pero los efectos apenas están comenzando. Un nuevo documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) encontró correlaciones importantes entre las pérdidas de ventas y las cuarentenas en los condados de California. Los economistas Robert W. Fairlie y Frank M. Fossen utilizaron datos estatales de todas las ventas sujetas a impuestos en California durante los dos primeros trimestres de 2020. Hallaron una caída de US$ 152 mil millones solo en el segundo trimestre, una disminución del 17.5% respecto del trimestre anterior. No todas las empresas experimentaron pérdidas, por supuesto. Algunas empresas consideradas «esenciales» obtuvieron ganancias, como farmacias, licorerías, supermercados, agricultura y tiendas de materiales de construcción y equipos de jardinería. Muchos sectores económicos no tuvieron tanta suerte, encontraron los autores.

Liderando el camino en pérdidas de ventas están el sector de alojamiento (91%) seguido de bares (86%). Los lugares de entretenimiento vieron caer las ventas en un 83% mientras que los restaurantes de servicio completo experimentaron una caída del 61%. «Las pequeñas tiendas que venden regalos y souvenirs, ropa o libros también experimentaron grandes pérdidas en el segundo trimestre de 2020», concluyeron los expertos. Ninguno de estos resultados es particularmente sorprendente. Pero los autores también identificaron algo más importante. Es decir, encontraron que la disminución de las ventas durante la pandemia se debió principalmente a los cierres gubernamentales y otras restricciones, no al distanciamiento social voluntario. «Los resultados sugieren que la implementación local y el cumplimiento de las cuarentenas y las respuestas voluntarias de comportamiento como reacciones a la propagación local percibida de COVID-19 jugaron un papel», afirman los economistas.

¿Quién acabó con la economía? ¿El virus o el gobierno?

Sin embargo, también señalan que el cumplimiento de las restricciones obligatorias tuvo un mayor impacto en las pérdidas de ventas. No hay duda de que Estados Unidos experimentó una recesión económica como nunca antes había visto, resaltada por una caída del 33% del PIB y la pérdida de 22 millones de empleos. «La crisis económica no tiene precedentes en su escala», escribieron académicos de la Brookings Institution en un artículo de Septiembre. «La pandemia ha creado un shock de demanda, un shock de oferta y un shock financiero de una vez» indicaron. Pocos negarían la primera afirmación, que la crisis económica no tiene precedentes en escala… ¿Pero la segunda mitad contiene un punto de discusión? ¿Creó «la pandemia» la destrucción económica o fue más bien la respuesta gubernamental a la pandemia? Durante meses, el New York Times y otros insinuaron que era lo primero.

«La economía mundial tardará años en recuperarse de los puestos de trabajo eliminados por la pandemia», sostuvo el Times en Julio conmocionado por la pandemia.  Se pueden encontrar muchos otros ejemplos del Times y otros medios que defienden un lenguaje similar. No se trata de una simple semántica. Si el mayor colapso económico de la historia moderna fue causado por un virus o la respuesta del gobierno al virus no es una distinción intrascendente. Entonces, ¿la pandemia eliminó empleos? Un artículo reciente del Washington Post dice que sí. «La investigación económica relacionada con la pandemia muestra que los cierres no están acabando con los empleos, el virus sí», escribió el periodista de datos Andrew Vann Dam. Vann Dam cita una investigación de los economistas Sumedha Gupta, Kosali Simon y Coady Wing de la Universidad de Indiana analizando docenas de estudios sobre pandemias.

«La mayor parte del daño económico que hemos visto se produce por la reacción de la gente al virus», dijo Wing. «Las políticas de distanciamiento social también importaban, pero se superpusieron a un cambio importante en el comportamiento personal» añadió. En este escenario, los bloqueos no fueron el destructor de las economías. El miedo y el distanciamiento social lo fueron. Vann Damm citó otro estudio de los economistas Chad Syverson y Austan Goolsbee de la Escuela de Negocios Boot (Chicago), quienes compararon los datos de teléfonos celulares con áreas bloqueadas en áreas que no lo estaban. «Los negocios cayeron en más de la mitad (53%) independientemente de si cerraban porque la gente en todas partes intentaba no salir de sus hogares», escribe Vann Dam. Esta conclusión parecería contradecir la evidencia del estudio que concluye que las restricciones gubernamentales (especialmente las cuarentenas) son las principales responsables del daño económico.

¿Quién tiene razón sobre el rol de las cuarentenas?

Durante el último año, la economía estadounidense y la mayoría de las demás en todo el mundo quedaron devastadas. Quién es el responsable en última instancia de esa destrucción no es un asunto trivial. Por casi nueve meses, hemos señalado muchas de las consecuencias no deseadas de los cierres gubernamentales, que han incluido el aumento de la pobreza mundial, la pérdida masiva de empleos y el cierre de empresas, picos de depresión y suicidio, exceso de muertes y otras consecuencias sociales adversas… Sin embargo, como se mencionó anteriormente, el Post le haría creer que el daño no fue el resultado de las cuarentenas. «Los cierres de los gobernadores no causaron la crisis de empleo pandémica», declara el titular. Para llegar a esta afirmación, el documento se basa principalmente en dos puntos clave.

En primer lugar, los seres humanos optaron por el distanciamiento social incluso en ausencia de restricciones obligatorias. Según ellos, eso resultó en una disminución de la actividad económica. Por último los datos de empleos no muestran una gran división entre los estados demócratas y los estados republicanos. El primer punto es un non sequitur. No es una revelación que la gente se distancie socialmente y evite viajar en ausencia de restricciones obligatorias. Este hecho se señaló en muchos artículos de la FEE y se usó para demostrar que los bloqueos no eran necesarios porque la gente estaba modificando voluntariamente su comportamiento para reducir el riesgo de exposición a un virus extraño y mortal. Simplemente no se sigue que, debido a que las personas ajustaron voluntariamente su comportamiento, tales acciones tendrían como resultado consecuencias económicas similares.

El mal análisis de las cuarentenas

Los datos de tráfico peatonal que cita el Washington Post no ofrecen pistas sobre cómo los humanos priorizaron los viajes o realizaron compras. Simplemente muestran que viajaron menos. Esto está muy lejos de la investigación proporcionada por Fairlie y Fossen, que analizó los datos de ventas reales de negocios «esenciales» y «no esenciales», y encontró que las restricciones obligatorias tenían un impacto mucho mayor en las pérdidas de ventas. El segundo punto que proporciona el Post es igualmente débil. Vann Dam señala que, en promedio, los estados rojos se han recuperado más rápido que los estados azules. Pero señaló correctamente que «incluso el análisis más simple muestra que la pérdida de empleos no depende únicamente del partido del gobernador. Algunos estados rojos lucharon, algunos estados azules prosperaron». Una de las razones de esto, señala, es que muchos estados liderados por republicanos también impusieron cierres.

A pesar de esta admisión, Vann Dam sigue comparando estados según los criterios del estado rojo y del estado azul, ofreciendo numerosos gráficos que exploran las diferencias en las áreas rurales y urbanas. Pero por las razones que afirma Van Damm, comparar estados rojos y estados azules no nos dice mucho. Un análisis mucho más útil compararía los estados con las políticas COVID más restrictivas con los estados con las políticas menos restrictivas. Y esos datos están fácilmente disponibles, aunque no los encontrará en la historia del Post, tal vez porque la conclusión a la que llega este conjunto de datos. Los datos de la Universidad de Oxford y la Oficina de Trabajo y Estadísticas de Estados Unidos muestran que los estados con las políticas más restrictivas tenían sustancialmente más desempleo que los estados con las políticas menos restrictivas.

El horror de una economía de mando

Esa no es la única evidencia que sugiere que las cuarentenas fueron el principal responsable de la destrucción económica destructor. Un breve vistazo a la historia muestra que no hubo un colapso económico masivo en pandemias anteriores que fueron igualmente mortales (o más mortales). A principios de 2020, Ryan McMaken, del Instituto Mises, señaló que la pandemia de 2020 fue marcadamente diferente de las pandemias de 1918 y 1957-58, las cuales fueron increíblemente mortales. «Sin embargo, veremos que ninguna produjo daños económicos al nivel que ahora vemos como resultado de las cuarentenas impuests por el gobierno», observó McMaken. «Esto destroza completamente las afirmaciones de que los cierres son sólo un factor menor en la destrucción económica, y que el virus en sí es el verdadero culpable».

En Junio pasado, observé que en su celo por usar la fuerza para proteger a los humanos de un virus mortal, los «expertos» sometieron a los estadounidenses a un error mayor que ninguno desde la guerra de Irak. Tras ese desatino, expertos y defensores del conflicto pasaron años intentando negar que en realidad estaban equivocados. Las cuarentenas que demostraron ser mucho menos efectivas para proteger vidas que para destruir economías, no serán diferentes. David Mamet, el dramaturgo y guionista aclamado por la crítica, observó en un artículo del Wall Street Journal de noviembre que la historia está repleta de ejemplos de planificadores centrales que arruinaron las economías mediante políticas coercitivas. El Holdomor. La hambruna de Bengala. Los «campos de la muerte» de Camboya. El gran salto adelante de Mao. La loca guerra de Trofim Lysenko contra la ciencia genética.

Por horribles que sean muchos de estos ejemplos, sus resultados catastróficos no capturan todo el terror del colectivismo. «El horror de una economía dirigida no es que los funcionarios cometan errores», observó Mamet, «sino que esos errores nunca serán reconocidos o corregidos». Es por eso que la investigación de la NBER, que se basa en datos de ingresos estatales reales, no en el tráfico de personas en las empresas, es tan importante. Si queremos evitar en el futuro el dolor, el sufrimiento y las destrucciones experimentadas en 2020 —dolor que muchos de nosotros todavía padecemos hoy— debemos ser honestos acerca de sus causas.

Artículo originalmente escrito por Jon Miltimore para la Foundation for Economic Education
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