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Coronavirus deja a Wuhan como ciudad fantasma, el drama de una colombiana

El alcalde decretó el cierre de la cuna del coronavirus, ahora es un pueblo fantasma, calles desoladas, estanterías vacías, una colombiana vive el drama.

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Los operativos para conseguir comida en los pocos supermercados abiertos, el drama de elegir bien los alimentos a consumir, el miedo de ir a un hospital y hasta la desazón por la falta de soluciones por parte del Gobierno colombiano: así es el relato de una estudiante colombiana aislada en la cuna del coronavirus.

Lorena Mulford tenía la vida típica de una estudiante universitaria en la ciudad de Wuhan. Iba a la universidad a veces por la mañana y otras por la tarde, tomaba clases junto a sus compañeros y vivía en un apartamento junto a su novio, con quien aprovechaba los fines de semana para comer y tomar algo en algún restaurante.

Una rutina que había consolidado luego de llegar a Wuhan en agosto de 2019, cuando obtuvo una beca que le permitió dejar su Colombia natal para estudiar su MBA (Master of Business Administration) en la Universidad de Wuhan. Si bien la cuarentena de Wuhan comenzó oficialmente el 23 de enero, Mulford ya se había recluido en su casa una semana antes. En total, ya lleva quince días sin salir de su hogar, según contó a la agencia de noticias Sputnik.

«Mi novio es el que sale a comprar los alimentos y conseguir el agua. Prefiere que no salga de casa por precaución, además de que tampoco tenemos suficientes tapabocas y no podemos gastar los que tenemos cuando una sola persona puede encargarse de los mandados», explicó.

Hacerse de los víveres necesarios tampoco es sencillo. Las tiendas cercanas a la casa están cerradas, por lo que tienen que recurrir a supermercados chinos o cadenas internacionales más grandes, ubicadas a mayor distancia. A raíz de la cuarentena, esos locales manejan «horarios estrictos» para hacer las compras y, muchas veces, presentan sus estantes vacíos.

A pesar de que los supermercados venden comida, Mulford y su novio decidieron abstenerse de consumir cualquier tipo de carne por el miedo a que una mala manipulación de los alimentos pueda contagiarles del coronavirus. Por el momento, su dieta se limita a vegetales —las veces en que consiguen encontrarlos— o productos enlatados, siempre que sean importados.

La colombiana y su novio procuran cumplir a rajatabla con todas las recomendaciones hechas por las autoridades chinas. Además de nunca salir sin tapabocas y utilizar el tipo específico de tapabocas recomendado, la pareja cumple con creces el mandato de lavarse las manos frecuentemente y lo hace cada cinco minutos.

Según Mulford, no todos en Wuhan se comportan de la misma manera. «En general la gente mayor no está teniendo las mismas precauciones. Son los más sucios y muchas veces no se caracterizan por la pulcritud o manejar el concepto de salubridad», señaló.

Los hábitos higiénicos del resto de las personas es uno de los miedos que hacen que Mulford prefiera «morir en su departamento» antes de visitar un hospital chino. «Ir a un hospital es peor, puedes ir por una gripe normal y terminas contagiada. Hay mucha gente, los hospitales no dan abasto y puede ser que la gente no tenga las mismas precauciones que tú», ilustró.

«Hay miedo en todos lados. Tanto que las calles están vacías. Yo no salgo pero mi novio me envía fotos y vídeos y parece un pueblo fantasma», sostuvo la estudiante colombiana.

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n supermercado en Wuhan, la ciudad en cuarentena por el coronavirus. © REUTERS / INSTAGRAM/ EMILIA

¿Cómo sobrevivir al encierro?

A pesar de que ni Mulford ni su novio han presentado síntomas de un posible virus, pasar las horas en Wuhan no es nada sencillo.

Mantener el servicio de internet es clave para pasar las horas dentro de casa, aunque también tiene sus bemoles. «Lo que hago es ver series y películas pero si soy sincera no puedo concentrarme. Siempre estoy pegada al teléfono celular viendo la embajada escribió o la noticias que tus compañeros están publicando».

«A pesar de que tienes las herramientas, distraerte no es fácil. Yo lo intento, veo películas o series y puede que por algún momento me distraiga. Pero son 45 minutos o 2 horas ¿y el resto del día qué?», se sinceró.

El encierro que ya lleva dos semanas comienza a repercutir en lo psicológico, reconoce Mulford. Algunos días se despierta con buen ánimo pero en otros se levanta «llorando» o «con ganas de insultar a todo el mundo».

Para la joven colombiana, lo malo «no es solo la enfermedad sino el encierro y lo que te hace psicológicamente, la incertidumbre y el pánico, que también tiene sus efectos secundarios y psicológicos y se presentan físicamente».

Uno de los efectos físicos que ha sufrido Mulford es la falta de apetito. «Hay un momento en que ya no quiero comer, porque también uno se cansa de comer todos los días lo mismo», lamentó.

comercios cerrados wuhan
Comercios cerrados en una calle vacía en Wuhan, China, tras la cuarentena por el coronavirus. © REUTERS / INSTAGRAM/ EMILIA

Esperando una solución

El novio de Lorena Mulford es marroquí. Cuando la situación en Wuhan empeoró, fue contactado por el Gobierno de Marruecos para notificarle que un avión llegaría a la ciudad para evacuar a todos los marroquíes en la ciudad. El vuelo, además, sería gratuito.

No sucedió lo mismo con la veintena de ciudadanos colombianos en la ciudad en la que se originó el coronavirus. Malford destacó que el embajador colombiano se mantiene en contacto permanente con los colombianos en Wuhan, la mayoría de los cuales se encuentra estudiando en la ciudad gracias a becas del Gobierno chino.

Sabiendo que su novio será evacuado, Malford desea regresar a Colombia «lo más rápido posible» aunque sabe que no será tan fácil. El grupo que los colombianos comparten con el embajador es testigo de cómo el diplomático evalúa propuestas de los jóvenes. Sin embargo, la única alternativa sería que consigan un vehículo particular para salir de Wuhan y exiliarse en otra ciudad china.

«Nos dicen que en esa otra ciudad nos van a poner en cuarentena pero no sabes con qué personas te van a poner en cuarentena. Uno no sabe si la solución no es peor que la enfermedad», advirtió.

En el departamento de Malford comprobaron de primera mano la diferencia en la respuesta de gobiernos como el de Marruecos con el de Colombia. «Te hace pensar si será que nuestro Gobierno está haciendo lo máximo que puede, si no le estamos importando o si está tan mal que no puede dar soluciones como la de Marruecos, que tampoco es un país primermundista», comparó la colombiana.

Con información de Sputnik.

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