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Matarife, los “7 minutos de odio” en el 2020

En las últimas dos semanas se ha publicado una de las “series” más esperadas del 2020 “Matarife” una serie para la muchedumbre.

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Resultan particularmente interesantes los diversos fenómenos que Eric Blair (más conocido como George Orwell) describe en su espectacular novela “1984” y aún más relevante el tinte profético que tiene actualmente. Es un deber para aquellos que no se dejan sumergir en la masa “agitar” con argumentos sólidos cómo un par de palabras seductoras, una filmación de mediana calidad y un enemigo en común puede ser altamente nocivo para la libertad del hombre y con ella su soberanía. No una violación, limitar estos planos será igual de peligroso, no se trata de ponderar cual es más o menos tolerable -censura o autocensura- como en algún momento advirtió John Stuart Mill. Deseo pausar por un momento la “telepantalla” para que los individuos puedan mirarse entre ellos.

En las últimas dos semanas se ha publicado una de las “series” más esperadas del 2020 “Matarife”, con una expectativa y un asombro descomunal por el papel rebelde, revolucionario, mesiánico y salvador de atacar al expresidente y actual senador de la República Álvaro Uribe Vélez. Advierto, no obstante, que el objeto de este articulo no es defender al protagonista de la historia, es mostrar, tal y como lo exponía Ortega y Gasset, el efecto arrasador e incontenible de la muchedumbre atolondrada que irrumpe violentamente en la vida contemporánea. Es pertinente esta advertencia, dado los futuros y actuales ataques (lo reduzco a meras descalificaciones) que han sufrido aquellos “agitadores” que decidieron mirar hacia los lados y observar detenidamente la actitud de la “masa” mientras están en la sala donde se ilustran los “7 minutos de odio”.

A lo largo de su obra, Orwell narra diversos métodos que ejerce el “Partido” para mantener al pueblo sumiso y uniforme, sumergido a la voluntad del “Gran hermano”. Existe uno en particular denominado “los Dos minutos de odio” que consiste en ubicar a las personas en una habitación para proyectar en la telepantalla un vídeo donde se exhibe al “enemigo del pueblo” y que durante el transcurso de este, los individuos toman un papel desconcertante de ira, rabia y ataques descontrolados hacia una simple pantalla.

Describe Smith (protagonista de la novela) “Antes de que el odio hubiera durado treinta segundos, la mitad de los espectadores lanzaban incontenibles exclamaciones de rabia (…) En su segundo minuto, el odio llegó a su frenesí. Los espectadores saltaban y gritaban enfurecidos tratando de apagar con sus gritos la perforante voz que salía de la pantalla”. Lo interesante de este suceso es la actitud del protagonista quien, poco a poco, se ve absorbido por la masa, enajenado totalmente. “Lo horrible de los dos minutos de odio no era el que cada uno tuviera que desempeñar allí un papel sino, al contrario, que era absolutamente imposible evitar la participación porque era arrasado irremisiblemente. A los treinta segundos no hacía falta fingir. Un éxtasis de miedo y venganza, un deseo de matar, torturar, de aplastar rostros con un martillo, parecían recorrer a todos los presentes como una corriente eléctrica convirtiéndole a uno, incluso contra su voluntad, en un loco gesticulador y vociferante”.

La conversión del individuo en hombre-masa según Ortega y Gasset es un retroceso que nos remite al más profundo sentimiento de la tribu, una amenaza a la civilización democrática, abandonando la persona su individualidad para simplemente hacer parte de la colectividad y ser nada más que una “parte de la tribu”. La masa, para Ortega, no deja de ser más que un número de individuos que han tomado la decisión de perder su individualidad y soberanía, dejando de ser unidades humanas pensantes, libres y críticas, disueltas en una amalgama que piensa y actúa por ellos más por emociones, instintos y pasiones que por razones.

Lo anterior me obliga a dirigirme al carácter objetivo y crítico de los primeros capítulos de “Matarife” que muchos ya dan por “la mejor serie del 2020”. Lo hasta ahora presentado son dos vídeos, uno de 6:43 y el segundo de 7:28 minutos, sumados no pasan los 15 minutos. Su contenido despierta emociones en los espectadores, observar como el autor va conectando con un hilo rojo diferentes personalidades reconocidas en el país mientras se interrumpen con discursos del dictador Jorge Videla, de igual manera el discurso de Salvatore Mancuso, luego un breve fragmento de los juicios de Nuremberg en consonancia con un audio de mal augurio en armonía con imágenes del holocausto Nazi haciendo alusión al gran “Genocida” que tenemos en el congreso de la República, sin embargo, la imagen que más impacta es la de una madre en la plaza de mayo en Argentina diciendo “les rogamos a ustedes, les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza; por favor ayúdennos”. Esta última fracción del vídeo sintetiza el papel que cumple la “serie” para los batallones morales integrados por soldados con una sensibilidad extrema y comandantes de la verdad.

Un enemigo en común que se debe aborrecer, una pandilla que es dueña del único punto de vista que todos debemos aceptar, un personaje que llegó a salvarnos y el bloqueo hacia la muestra más insignificante de individualidad del hombre, es la mera realidad.  La única diferencia es que esta vez la duración no es de dos minutos, el enemigo en común no es Goldstein, no estamos sentados en una sala todos los espectadores del video y no estamos en el año “1984”.

El individuo se pierde en la masa como un aficionado en una tribuna, como una abeja en una colmena, como un fan en un concierto. Dentro de la tribu este es exonerado de tomar decisiones individuales, obedece al pensamiento y a la manera de actuar de la tribu. Es predecible por lo tanto esperar descalificaciones y etiquetas (uribista, paramilitar, fascista etc.) al igual que la censura cualquier tipo de contenido que le haga una crítica a la serie “que vino a salvarnos” todo partiendo de un contexto de mentiras generalizadas y de una notable polarización política adicionada a una creciente cultura del victimismo.

Asumo que la serie mejorará en los capítulos siguientes, de igual manera crecerá la masa absorbiendo a nuevos individuos para sumarse a ese pedestal moral donde se decide qué es lo bueno y lo malo. Sin embargo, tal y como lo afirmo Hayek en una entrevista: “Todo liberal debe ser un agitador” y es decisión de cada quien si se monta o no en el bus que se dirige hacia una cultura hipersensible e intolerante que aboga por la diversidad, pero no acepta opiniones distintas.

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