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¿Por qué el bloqueo a Cuba es la mayor farsa política del siglo?

Hay varias claves que demuestran que la narrativa del bloqueo hacia Cuba es una estrategia victimista que distrae del verdadero problema: una dictadura comunista que lleva 62 años instalada.

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Con el estallido de protestas populares en Cuba, el debate del porqué de la miseria volvió a colarse en la opinión pública. Por una parte la dictadura cubana trató de blanquear el detonante, afirmando que los miles de cubanos en las calles protestaban contra Estados Unidos. Al final, el peso de la evidencia se mostró en contra de esta tesis, pues las consignas de los protestantes captados en vídeo eran claramente anticomunistas. Como mínimo, insultaban al actual mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel (diciéndole «singao») mientras reclamaban el paso de ayuda humanitaria para aliviar la crisis. En muchos vídeos vimos a centenares de cubanos reclamando su libertad y exigiendo el fin del sistema comunista que lleva consolidándose desde 1962. Vimos fotogramas de personas destruyendo cuadros de Fidel Castro y material que registró a varias decenas de personas en La Habana plantadas frente al Buró del PCC, increpando a la cúpula socialista.

Cuando esta innegable realidad evidencia que los cubanos salieron por las pésimas condiciones de vida en la isla, la izquierda usó su plan B. Si ven que no pueden tergiversar lo que pasó en las protestas, dicen que los problemas de Cuba son culpa de un «bloqueo imperialista». ¿Hay 90% de pobreza extrema, 88% de hogares sin acceso continuo de agua potable, un salario miserable de 28 dólares al mes y colas interminables? Nada, culpa del bloqueo. Atemporalmente y sin importar quién lo diga o el contexto, el bloqueo es la excusa que la izquierda le pone al socialismo cual chaleco antibalas. Digo esto porque el «bloqueo» no es más que una justificación mala, una mentira que usa la imprecisión para expiar culpas. Para aportar algo a la destrucción de este mito que contribuyen a perpetuar una dictadura totalitaria, analizaremos por qué el dichoso bloqueo no existe.

Antecedentes: Por qué existe el embargo a Cuba

Mira, a la izquierda le encanta llenarse la boca hablando de un bloqueo, pero pocos son sus esfuerzos para mostrar con evidencias lo que implica. A ellos tampoco les gusta explicar por qué existe dicho bloqueo, que en realidad es un embargo. Hablar de bloqueo permite crear un relato victimista más cautivante que decir ‘‘tengo un embargo porque expropié 16 mil millones de dólares a Estados Unidos en 5900 propiedades y no respondo desde 1961’’.

Porque sí, la razón por la que la dictadura cubana tiene un embargo es porque expropió a múltiples multinacionales estadounidenses que operaban en el país. Ya sabes, en esos tiempos donde Cuba era más rica que Taiwán y Corea del Sur, antes de la llegada del comunismo que prometió un país desarrollado en 10 años —parafraseando a Castro— y bueno, henos aquí.

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Antes de 1959, Cuba tenía una renta per cápita superior a la de Corea del Sur y Taiwán. Fuente: Ourworldindata

Obviamente, a la izquierda no le gusta admitir que el embargo es su propia culpa porque ya no tendrá cómo victimizarse. La expropiación fue un ataque frontal que los revolucionarios apuntaron contra propiedad de estadounidenses en suelo cubano, no podían esperar flores a cambio del robo. Ahora, si el motivante del «bloqueo» fue que los gestores de la Revolución Cubana robaron abiertamente a los inversores estadounidenses, ¿qué tanto impacto tiene? Pues no el que dicen los socialistas.

Examinaremos las implicaciones detalladamente en próximas secciones (pues hay mucho que leer), pero resumiremos las consecuencias. Entre otras cosas, las embarcaciones estadounidenses que toquen puertos cubanos no pueden volver a Estados Unidos por 90 días y las empresas estadounidenses que exporten a Cuba reciben 50.000 dólares de multa, pero no por exportar bienes esenciales. No hay sanciones directas para empresas de terceros países.

¿Cuál bloqueo? Relaciones comerciales de Cuba

Esencialmente, Cuba puede comerciar con cualquier país del mundo que quiera excepto los Estados Unidos y exactamente eso es lo que hace. Que no te lo digan es parte del esquema propagandístico del Partido Comunista Cubano para externalizar la responsabilidad del desastre económico que lleva décadas causando. El Observatorio de Complejidad Económica (OEC) del Massachusetts Institute of Technology (MIT) reporta que Cuba exporta a 114 países del mundo e importa de 89. En total, Cuba comercia anualmente con 117 países de los cinco continentes un valor comercial (importaciones + exportaciones) de 6.89  mil millones de dólares. Cuba, de hecho, tiene acceso comercial a más del 70% de la superficie terrestre global… Y aun así Estados Unidos sigue siendo uno de sus socios comerciales. Recordemos que Estados Unidos permite a sus empresas llevar alimentos, productos de aseo y medicinas a la isla.

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Mapa de exportaciones de Cuba en 2019: 114 países alcanzados incluyendo socios de Estados Unidos. Fuente: OEC

Tanto es así que el 66.6% del pollo que Cuba importa proviene de Estados Unidos, al igual que el 22.7% de los teléfonos. Es más, Estados Unidos es el principal proveedor de teléfonos de Cuba, aunque eso sea otra cosa que la izquierda omite. El gigante norteamericano envía un mayor valor comerciales de teléfonos a Cuba (US$ 3.78 millones) que la misma China (US$ 2.94 millones). Argentina, bajo el liderazgo de Alberto Fernández —quien ignoró las violaciones de derechos humanos en las jornadas de protestas iniciadas el 11 de julio y se hizo el sordo ante las peticiones de libertad de los cubanos pero pidió el «fin del bloqueo»— exporta menos valor a la isla que Estados Unidos. En 2019, Argentina representó el 4.2% del total de importaciones de Cuba, mientras que Estados Unidos originó el 5.29%.

¿Cuál de estos países tiene sanciones?

La abrumadora evidencia nos muestra que Cuba no está bloqueada internacionalmente y que, por el contrario, comercia con la mayor parte del mundo. Incluso me atrevería a decir que, a diferencia de Taiwán, Cuba tiene mucho más potencial de acceso al comercio porque no está amenazada militarmente y es reconocida como Estado soberano por prácticamente todos los países del mundo (194) desde el momento en que es parte de las Naciones Unidas. Taiwán es apenas reconocido por 15 países y sí tiene amenaza militar, pero aun así es un país desarrollado con estándares de vida europeos. Pero lo que podemos decir de las relaciones de Cuba queda ahí. Los principales socios comerciales de Cuba yacen en la esfera de influencia de Estados Unidos, ¿cuál de ellos tiene sanciones por comerciar con Cuba?

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Principales socios comerciales de Cuba por exportaciones (panel superior) e importaciones (panel inferior). Si Estados Unidos castiga a quienes comercian con la isla, ¿cuál de estos países resultó sancionado? Fuente: OEC

España, Italia, Alemania, Canadá, México, Brasil, Francia, Países Bajos, Hong Kong, Suiza y Polonia son los principales socios comerciales de Cuba. ¿Cuál de ellos fue sancionado alguna vez por recibir productos cubanos o enviar mercancías a Cuba? Exacto, ninguno. Todos son socios comerciales de Estados Unidos, todos están en su zona de influencia y todos deberían, según la narrativa socialista, estar sancionados o perseguidos.

No lo están, así tampoco lo está ninguno de los otros 106 países que comercia anualmente casi siete mil millones de dólares con Cuba. Las leyes del embargo no se diseñaron para arruinar las relaciones de Estados Unidos con prácticamente todo el mundo solo para «perseguir» a Cuba. Están diseñadas para crear mecanismos de presión que obliguen a la dictadura a reembolsar los activos que robaron en 1961.

Alcance del embargo confundido con un «bloqueo»

A ver, si no basta con ocultar el motivo por el cuál Cuba tiene un embargo, los socialistas también sobredimensionan y extralimitan sus consecuencias. Es decir, además de omitir deliberadamente información también les encanta el drama. Evidentemente a nadie se le ocurriría elucubrar que Estados Unidos destrozaría con sanciones a sus propios aliados para repatriar 16 mil millones de dólares en activos cuando su comercio vale 3.89 billones de dólares (trillions en inglés, 243 veces más). Exactamente por este motivo ningún defensor de la narrativa del bloqueo menciona un solo ejemplo de país sancionado por comerciar con Cuba (cuando hay 117). Es también por eso que nunca son capaces de aceptar las implicaciones lógicas de su propio cuento chino, ridículas vistas bajo la lupa del realpolitik. Si el embargo entonces no le impide comerciar a Cuba con otros países… ¿Cuáles son los verdaderos efectos que tiene?

Existen múltiples órdenes ejecutivas (EO) y leyes de la Cámara de Representantes (bills) que forman parte del marco jurídico que conforma el embargo a Cuba. Todas tienen efectos distintos sobre las relaciones comerciales entre Cuba y Estados Unidos pero también sobre las relaciones financieras entre Estados Unidos y terceros países. Desde luego y como vimos en las secciones anteriores, esto no impide que otros países comercien con Cuba, si acaso los disuade de hacerlo. Literalmente los 117 socios comerciales de Cuba —desde Hong Kong hasta Zambia— comercian también con Estados Unidos, «compartiéndolos» al 100% con su «verdugo». El embargo no tiene el alcance exagerado que se le imputa en la narrativa del bloqueo porque, si lo tuviera, el gigante americano perdería el 53.6% de sus socios solo para castigar a Cuba. Se daría un tiro en el pie. Entonces, ¿existen implicaciones real
es del embargo? Lo revisaremos cronológicamente.

Ley de Asistencia Extranjera de 1961: El punto de partida

Es altamente probable que hayas escuchado en algún momento el tocho propagandístico de ‘‘el bloqueo imperialista criminal a Cuba ha durado 60 años y aun así Cuba es potencia, ¡viva Cuba! ¡Patria o muerte!’’… O algo similar. Primero, aclaro que Cuba no es ningún ejemplo porque tiene 64% de pobreza extrema y un salario medio inferior al dólar diario. Ahora, ciertamente los socialistas suelen decir que el bloqueo lleva 60 años porque citan una orden ejecutiva de John F. Kennedy que declara un embargo a la isla. Dicho embargo derivó de una potestad atribuida al Poder Ejecutivo por la Cámara de Representantes en la Ley de Asistencia Extranjera de 1961 (FAA). La normativa emitida dispuso que el presidente estaba ‘‘autorizado para establecer y mantener un embargo total sobre el comercio entre Estados Unidos y Cuba’’.

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Sección de la FAA que autoriza legislativamente el embargo a Cuba por decisión presidencial.

Muy probablemente, los socialistas ni siquiera conocen esta legislación. Quizás es por ello que entienden que desde el momento 0 la única relación afectada es la de Estados Unidos y Cuba.¿Por qué la Cámara de Representantes, que aprobó esta norma con una mayoría de 260 votos a 132, querría embargar a Cuba? Bueno, porque la Comisión de Liquidación de Reclamaciones Extranjeras certificó que 5913 personas naturales y jurídicas estadounidenses fueron ilegítimamente expropiadas por la dictadura cubana.

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Valor de lo que el gobierno cubano expropió en 1961, precios reales. Fuente: FCSC

En 1972, el valor de las reclamaciones acreditadas por las expropiaciones de 1961 era de 1.902.202.284 dólares, pero con la pérdida del poder adquisitivo del dólar, ese valor cambió. Teniendo en cuenta que en 1961 el dólar valía 755.4% más que ahora, deflactando la cantidad tenemos que el gobierno cubano adeuda 16.446.645.238 dólares. De ahí surgió la famosa proclamación de Kennedy.

Proclamación 3447 de Kennedy en 1962: Arranque

Después de que el Poder Legislativo autorizara con vasta mayoría —dos tercios de la Cámara de Representantes— el embargo, solo quedaba que el presidente ejecutara. Obviamente, el hecho de que la dictadura cubana robara 16.4 mil millones de dólares en activos no se iba a quedar así. Siguiendo esa directriz, en 1962 el presidente demócrata John F. Kennedy puso en vigor la Proclamación 3447, que embargó todo el comercio estadounidense con Cuba. ‘‘Por la presente se prohíbe, a partir de las 12:01 am, hora estándar del este, el 7 de febrero de 1962, la importación a los Estados Unidos de todas las mercancías de origen cubano y todas las mercancías importadas desde o a través de Cuba’’ demandó Kennedy. Ya, eso fue todo, el gran «bloqueo» de 60 años fue que Estados Unidos dejara de comprar mercancías producidas por o transportadas desde Cuba.

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Texto íntegro de la Proclamación 3447, documento que inició formalmente el embargo a Cuba.

Kennedy también instó a Luther H. Hodges (entonces Secretario de Comercio) a mantener la anulación de las exportaciones estadounidenses a Cuba. Dicho esto, la razón por la que la izquierda chilla desde hace seis décadas no es porque Estados Unidos persiga el comercio con Cuba. Ustedes mismos pueden leer que cuando inició el famosísimo «bloqueo» solo se detuvo el comercio entre Estados Unidos y Cuba. El motivo de los llantos socialistas es que la dictadura comunista de Cuba no puede comprar ni venderle mercancías a su opresor, némesis y verdugo. Si tanta fe tienen en la soberanía del Estado, deberían estar de acuerdo con que Estados Unidos decida con quién comerciar y con quién no. Si creen que no es así porque el comercio debe ser libre e indiferente con el deseo político, ¿entonces no lloran porque quieren libre mercado?

Ley de Democracia Cubana de 1992: Actualización

Los términos del embargo permanecieron prácticamente inalterados por más de 30 años hasta que los republicanos estadounidenses lo reforzaron para presionar más la dictadura castrista. Era el momento contextualmente ideal porque Cuba se quedó sin el apadrinamiento soviético, que anualmente subsidiaba 4.731,43 millones de dólares. Para aumentar la presión apareció la Ley de Democracia Cubana, promulgada en el título XVII de la Autorización de Defensa Nacional del año 1993. Podríamos decir que esta normativa, junto con las dos anteriores y la Ley Helms-Burton, integra las cuatro patas del marco jurídico del embargo. ¿Qué dictamina esta ley? Bueno, los países que ayudan a Cuba son «castigados» con dos cosas: 1) Estados Unidos no les perdonará su deuda; 2) No serán países aptos para recibir ayuda al desarrollo estadounidense. Ya, esas son las «sanciones» que reciben los países que asistan a la dictadura.

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Estados Unidos solo deja sin condonaciones de deuda y subsidios a los países que asisten a Cuba, salvo por proveer bienes esenciales.

El castigo por brindar asistencia es que sencillamente ya no puedes recibir subsidios pagados por impuestos estadounidenses. Las condonaciones de deuda extranjera se reflejarán en una mayor deuda neta (porque se deja de recibir el capital prestado), y este déficit se saldará con impuestos (¿o con qué se paga la deuda?). La ayuda al desarrollo son paquetes de subsidios provistos por el gobierno estadounidense que… ¡Sorpresa! También lo pagan los estadounidenses. Justamente la razón por la que ningún país que comercia con Cuba ha sido sancionado es porque las muy invocadas penalizaciones ni siquiera son tales. Además, solo se aplican a casos específicos de ayuda, definidos como ‘‘asistencia para el beneficio del gobierno de Cuba que se ofrece por concesión, venta concesionaria, garantía, seguro o por otros medios en términos más favorables’’ a los del mercado.

Las sanciones reales solo se dirigen a empresas estadounidenses

Semejantes medios más favorables serían según la Ley Torricelli ‘‘créditos, préstamos, arriendos u otros’’ y deben incluir subsidios a la exportación de productos cubanos. Los principales socios comerciales de Cuba, salvo por Venezuela y la antigua Unión Soviética, no son tan bondadosos para cumplir con estas características.

Quizás este es otro motivo por el cual nunca se menciona alguna sanción a los países que comercian con la isla. (Además de que todos son países desarrollados que no necesitan condonaciones de deuda ni subsidios norteamericanos). Dicho esto, parece obvio que la situación del embargo es mucho más compleja que gritar que Estados Unidos sanciona a todos los socios de Cuba o se niega a comerciar con ellos. Las sanciones reales solo aplican a estadounidenses que hacen negocios en Cuba y navíos que toquen puertos cubanos.

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El embargo solo restringe y multa a las empresas estadounidenses y cargueros que desembarquen en Cuba, no a terceros.

La sección 1710 de la Ley Torricelli multa con US$ 50.000 a cualquier estadounidense que viole la Ley de Comercio con el Enemigo de 1918. Esto no aplica para bienes esenciales, noticias, investigaciones, equipos de transmisión o materiales relacionados con la información. La sección 1711 aclara expresamente que como se usa en este título, el término persona estadounidense se refiere a ‘‘cualquier ciudadano de Estados Unidos o extranjero admitido por residencia permanente y cualquier corporación, socio u otra organización instituida bajo leyes de Estados Unidos’’. La sección 1706 dictamina que las embarcaciones que toquen puertos cubanos no pueden regresar a Estados Unidos por 180 días. Por último, los navíos que carguen nacionales o bienes cubanos no pueden desembarcar en puertos de Estados Unidos. Así pues, queda muy claro que  no se sanciona a terceros por comerciar con Cuba, sino a quienes yacen bajo jurisdicción estadounidense.

‘‘Cuba no puede importar medicinas por el bloqueo’’

Una de las mayores mentiras que surgieron a raíz del embargo es que Cuba no puede importar medicinas o equipos médicos debido a él. Esto es replicado no solo por las masas de socialistas pululantes en el ciberespacio, sino también por la jerarquía de la dictadura castrista.Un buen ejemplo de ello fue el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, quien aseguró que el bloqueo impide que Cuba importe respiradores médicos o medicinas para atender la crisis del coronavirus. El problema con esto es que el marco jurídico del embargo no restringe la adquisición de bienes humanitarios.

La sección 1705 de la Ley Torricelli determina que las exportaciones de medicinas, insumos médicos, instrumentos o equipo a Cuba están exentas de límites. Solo hay restricciones si el proveedor sospecha que estos bienes serán usados para fines no humanitarios.

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Las exportaciones de medicinas e insumos a Cuba no son afectadas por el embargo.

Por ejemplo, las limitaciones a la exportación de estos bienes aparecen cuando son reexportados, usados para torturar o producir biotecnología. Siempre y cuando el destino final sea humanitario y dirigido al pueblo cubano, las restricciones para estos bienes no existen. De hecho, la misma dictadura desmanteló este relato el pasado 14 de julio cuando autorizó la libre importación de bienes esenciales (medicinas, alimento, aseo personal).

¿De dónde van a importar libremente medicinas, equipos médicos o alimentos si el supuesto «bloqueo» no los deja? Ese es el punto: si hubiera un bloqueo real la dictadura no autorizaría la libre importación porque en principio no se puede importar nada. Sin embargo, como la autorizaron, reconocen que tienen canales de comercio abiertos para importar el material humanitario que necesitan. A estas alturas, excusar la pésima situación sanitaria de Cuba con el «bloqueo» es obsoleto.

‘‘Pero a Cuba le niegan el acceso al financiamiento’’

Aunque Cuba actualmente tenga relaciones comerciales bilaterales con 117 países del mundo, puede ser que no suceda lo mismo con el financiamiento. El financiamiento es un elemento clave para que cualquier país pueda acceder a los fondos necesarios para conceder créditos, para refinanciar su deuda y no destruir su solvencia a corto plazo o para financiar planes económicos. La integración al sistema financiero es una forma de canalizar el ahorro externo del mundo a la economía de un país en concreto. Exactamente por eso es que muchos socialistas argumentan que Cuba está mal por el «bloqueo», definido como que Estados Unidos «impide» que se conecte con las finanzas mundiales. Pero como sucede con lo demás, la justificación carece de solidez, en este caso por tres motivos esenciales. Aquí explicaremos el primero.

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La sección 104 de la Ley Helms-Burton exige a EE.UU oponerse al ingreso de Cuba en instituciones financieras internacionales, pero su posición es empíricamente irrelevante.

Es cierto que legalmente Estados Unidos debe oponerse al ingreso de Cuba en las instituciones financieras internacionales (IFIs), pero no tiene mucho poder de decisión. Primero, Cuba se salió voluntariamente del FMI en 1964 después de no pagar una deuda de 12.5 millones de dólares adquirida en 1958. Lo hizo a pesar de que fue uno de los 40 miembros fundadores de la institución en 1944, y también era miembro del Banco Mundial (pero también se salió). ‘‘Las autoridades cubanas repetidamente abogaron para retrasar el pago de los créditos del FMI, pero en 1963 el Fondo insistió en una liquidación. Castro se negó, y en 1964 sacó a Cuba del Fondo’’ escribió el economista James M. Boughton en «Tearing Down Walls», un reporte histórico de 1036 páginas que recoge las relaciones del FMI en los años 90.

Cuando el director del FMI le ofreció asistencia a Castro

Que Cuba se haya desconectado del puente central al sistema financiero global por voluntad propia no es la mejor parte, apenas es la primera. En 1993, las autoridades cubanas invitaron a Jacques de Groote (en ese momento Director Ejecutivo del FMI) a La Habana. Viajó dos veces a la capital de Cuba —junio y noviembre del mismo año— y les ofreció documentos oficiales de la institución para familiarizarse con las transiciones. Incluso llegó a ofrecerles asesoría ad honorem por cuenta propia mientras que se mostraba entusiasmado por el reingreso de Cuba. Sí, con 30 años de embargo, al presidente del FMI le encantó la idea de que Cuba regresara al FMI. Mucho le importaba Estados Unidos, seguro. Boughton, quien trabajó por 20 años en la institución, añade por su parte que el gigante norteamericano no tiene derecho a vetar la entrada de Cuba  y su voto no es influyente.

‘‘La aprobación de una solicitud de membresía requiere solo una mayoría simple de los votos emitidos por la Junta de Gobernadores del FMI. La oposición de Estados Unidos, que tiene aproximadamente el 17% de los votos, no sería decisiva’’ escribió en «The IMF’s Final Few: What will it take for Cuba to rejoin?», un artículo más reciente de 2016. Además aclara que si bien la Ley Helms-Burton es disuasoria, esta ‘‘no impide necesariamente que el resto de miembros apruebe la solicitud’’ y que ‘‘Estados Unidos no tiene veto’’. Ciertamente, la Unión Europea (que tiene buenas relaciones diplomáticas con Cuba) tiene más participación que los Estados Unidos como comunidad política. Ello puede permitir a Cuba el reingreso al FMI, y la misma lógica se puede aplicar a otras instituciones financieras. En todo caso, sería bastante contradictorio para un socialista abogar por el ingreso dado que normalmente las demonizan.

¿Bloqueo? Cuba consumió cinco planes Marshall

De igual forma que la oposición de Estados Unidos al ingreso de Cuba en IFIs no implica que Cuba no tenga la oportunidad de estar en ellas, tampoco implica que la isla nunca recibió créditos. Aquí entra el tercer motivo. Un hecho poco conocido y que ningún defensor de la narrativa del bloqueo admitirá es que Cuba nunca necesitó créditos mientras la Unión Soviética existió. Tuvo, en realidad, la oportunidad de nunca más necesitar créditos de ninguna IFI o de ningún otro país, aun con la Unión Soviética disuelta. Archibald Ritter, economista y académico de la Universidad de Carleton experto en problemas del desarrollo en América Latina, nos aporta un dato valioso. Procésalo: las ayudas económicas enviadas por la URSS a Cuba entre 1960 y 1990 equivalen a 4.7 planes Marshall. ¿Se entiende la magnitud?

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Cantidad acumulada de subsidios soviéticos enviados a Cuba entre 1960 y 1990 a precios nominales. Fuente: Leogrande y Thomas (2002), Ritter (2010)

Para que se comprenda la dimensión de este fondo, el Plan Marshall original envió económica a la Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, hablamos de ayuda para reconstrucción que, en su valor original de 1948, fue de 12.000 millones de dólares. Resumidamente,  Cuba recibió lo necesario para reconstruir la Europa post-guerra cinco veces entre subsidios de precios, ayudas al desarrollo y créditos comerciales. ‘‘El régimen castrista es una máquina de dilapidar subvenciones. Dilapidó ayudas de la Unión Soviética entre 1960 y 1990 equivalentes a seis planes Marshall y no consiguió mejorar su patrón de crecimiento ni aprovechar las enormes subvenciones para mejorar la productividad. Entre 1960 y 1990, Cuba recibió más de 65.000 millones de dólares de la Unión Soviética’’ nos explica el economista Daniel Lacalle en su artículo «No olvidemos a Cuba», basándose en los datos de Ritter.

Brutal desperdicio de ayudas

Solo en sus primeros 17 años como centro de subsidios soviéticos, Cuba recibió su primera cantidad superior a un Plan Marshall: 13418.7 millones de dólares. Ajustado a la inflación, serían unos 84.177,4 millones de dólares a precios de ahora, mientras que un Plan Marshall valdría 141.943 millones de dólares. Claro, como los subsidios soviéticos no se recibieron en 1960 sino que se dilataron en entregas a plazo de 31 años, la diferencia se reduce. De todos modos, a día de hoy el monto total de subsidios solamente soviéticos hasta 1990 (sin contar los de la tiranía chavista ni de otros países socialistas) vale 197.332,3 millones de dólares, 40% más que un Plan Marshall original. Como Cuba tiene una superficie 38.5 veces inferior y 39 veces menos población que Europa, el impacto de 1.4 planes Marshall debió ser considerable.

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Subsidios soviéticos enviados a Cuba entre 1960 y 1990, acumulados (izquierda) y enviados anualmente (derecha) a precios reales. Fuente: Leogrande y Thomas (2002), FRED

El plan Marshall y medio funcionó sólo de manera temporal y definitivamente no logró en Cuba lo que logró en Europa; los resultados están. Cuando desaparecieron los subsidios soviéticos, la economía cubana se desplomó a los mismos niveles de 1980, teniendo una brutal contracción del 34.76% de su PIB. Y eso sin contar la cuantiosa ayuda venezolana. Un reporte de Ted Piccone y Harold Trinkunas, un internacionalista y un economista de la Brookings University, cifra esa ayuda anual en 5.4 mil millones. Los precios del petróleo estuvieron fuertemente subsidiados: Cuba podía pagar el 40% del importe en 25 años con solo 1% de interés. Como no bastara, estas importaciones energéticas desde Venezuela tenían un descuento subvencionado del 45%, el triple comparado con otros países latinoamericanos. Aun con este patrocinio, Cuba no despegó.

Tesis del bloqueo financiero: mentiras e hipocresía

Todavía no termino de cuantificar el tamaño de la ayuda enviada por Venezuela a Cuba; lo anterior solo es una revisión superficial de algunas características. En el artículo de 2013 «Cuba’s Dependence on Venezuelan Assistance: A Quantitative Assessment», el economista cubano Ernesto Hernández-Catá nos da una perspectiva más amplia. Sus estimaciones apuntan a que Venezuela ayudó económicamente y financieramente a Cuba pagando sobreprecios por su personal médico esclavizado, financiando directamente la producción de la dictadura, subsidiando las exportaciones a Cuba (como con el petróleo por ejemplo) y dando otros tipos de subsidios. Ajustado a la inflación, Venezuela envió un total de 84.199 millones de dólares de ayuda económica a Cuba solo entre los años 2002 y 2011. El promedio de asistencia, dado que amplía su cobertura de subsidios, asciende a los 8419 millones de dólares por año.

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Cantidad acumulada de ayuda económica venezolana por parte de Cuba entre 2002 y 2011, a precios reales. Fuente: Hernández-Catá (2013)

Por las limitaciones de datos, no se incluyen los subsidios dados a Cuba en tiempos más recientes (después de 2012), pero igual nos muestra algo. En primer lugar, Cuba sí recibió financiamiento por montones equivalente a dos Planes Marshall a precios actuales. Por aquella ayuda debió recibir un impacto —dada su superficie y población mucho más reducidas que las de Europa— entre 45 a 50 veces mayor. Pero a la vista de los hechos ni siquiera esas ingentes cantidades de financiamiento lograron que el comunismo funcionara en Cuba; la miseria pervive. En segundo lugar, no existe base moral para que los socialistas se quejen de que Cuba no puede acceder a instituciones financieras internacionales. La razón es demasiado obvia: siempre se han opuesto a la existencia de entidades como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. ¿Para qué las quieren ahora?

¿Y las remesas?

Actualmente, la Organización Internacional para las Migraciones (OIT) estima que hay por lo menos 1.5 millones de emigrantes cubanos en el mundo, sin contar descendencia. Si contamos la descendencia de los migrantes originales, solo en Estados Unidos hay 2.3 millones de latinos de origen cubano, según el Pew Research Center. Tanto los exiliados cubanos como sus descendientes tienen familiares que viven en la isla, y entre todos envían montos millonarios de remesas. Lamentablemente, este apoyo económico que les sirve a los cubanos para sobrevivir al pésimo salario de 93 centavos de dólar mensuales tiene un lado oscuro. Primero veamos los datos principales para comprender de qué va este lado oscuro a cabalidad. Emilio Morales, economista cubano fundador de la consultora Havana Consulting Group, cifró en US$ 6448,68 millones el total de remesas enviadas a Cuba en 2016.

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Desde 2008 a 2016, los cubanos exiliados enviaron un promedio de US$ 5004.72 millones en remesas. Fuente: Havana Consulting Group

De acuerdo a los datos de la empresa de consultoría que lleva 25 años compilando información sobre Cuba y colabora con otros economistas especializados en su hermética economía, como Archibald Ritter, Carmelo Mesa-Lago y Jorge Pérez-López, entre 2006 y 2016 se enviaron 40.037,76 millones de dólares. De hecho, las remesas totales (bienes en especie + efectivo) superaron en 30% el valor de los principales productos exportados por Cuba. ¿Cuál es el problema con esto? Que la dictadura aplica múltiples impuestos a las remesas en efectivo (como el 20% por convertir dólares a pesos convertibles), quedándose con casi todo. Morales apunta a que este gravamen por conversión, más el 10% de impuesto a las remesas, más el hecho de que solo las tiendas dolarizadas administradas por el gobierno admiten pesos convertibles, hacen que el régimen termine quedándose con el 74.33% de las remesas.

Bloqueo es cuando la gente que odio no me financia

Aquí no solo toca ver como los socialistas mienten abiertamente diciendo que Cuba nunca recibió financiamiento por culpa del bloqueo, sino también disonancia cognitiva. Los militantes socialistas y sus líderes llevan décadas despotricando contra las instituciones financieras internacionales, como el FMI, el Banco Mundial, el BIS o el BID. Comencemos por ver lo que decía Fidel Castro, artífice de la Revolución Cubana, sobre las instituciones financieras internacionales cuando estaba vivo. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Cooperación Sur-Sur del año 2000, el dictador dijo abiertamente que el FMI debía desaparecer. ‘‘Para el tercer mundo es de vital importancia hacer desaparecer esta siniestra institución y la filosofía que representa’’ reclamó Castro en el evento. Más tarde, en un discurso pronunciado por él en la ceremonia de clausura de la XXI Asamblea General de la CLACSO el 31 de octubre de 2003, arremetió otra vez.

Castro decía que los ‘‘grandes y poderosísimos ejércitos, armadas y fuerzas aéreas de América Latina constantemente están a la par con las fuerzas armadas de Estados Unidos’’ y que, en aquella época, estaban haciendo maniobras. Para él, no hacía ninguna falta que hicieran ejercicios militares si ya estaban instalados «instrumentos de dominación» a los que llamó basura. Entre ellos, se encontraban —cómo no— el FMI, el Banco Mundial y la OMC. ‘‘¿Para qué las maniobras? Bueno, es una tontería preguntar para qué. Habría que preguntar para qué un montón de basura existe. No hacen ni falta para mantener dominados a los países. No hacen ni falta para que existan el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio’’ pronunció Castro. Si el FMI y el Banco Mundial subyugan a los países según las propias cabecillas de la izquierda, ¿por qué quieren su cochino financiamiento?

Eso del bloqueo es puro victimismo

A pesar de estas críticas, Castro también se quejó de no poder anclarse al mismo sistema financiero global que odiaba. Pocos años antes, durante la VIII Cumbre Iberoamericana en 1998, Castro dijo que Cuba estaba fuera de todo y bloqueada… Por no integrar el FMI, el BID y el Banco Mundial; esas mismas entidades que veía como opresoras y serviles al sistema neoliberal. ‘‘No debe olvidarse, además, que estamos fuera del Fondo Monetario, fuera del Banco Mundial, fuera del Banco Interamericano, fuera de todo, bloqueados’’ dijo. No hay coherencia en presentar un disgusto porque no te dejan entrar en instituciones a las que vives criticando. Si tanto odian a las instituciones financieras internacionales, ¿por qué se resienten de que no puedan entrar en ellas? Y si tanto quieren que los acepten en las instituciones financieras internacionales, ¿entonces por qué no se callan, pagan su deuda y aceptan las reglas?

Aclaro también que la razón por la que Cuba no está en instituciones financieras es porque Fidel Castro la sacó de ellas, como vimos anteriormente. La fecha de salida de salida de Cuba del Banco Mundial fue 1960, y al Banco Interamericano de Desarrollo ni siquiera le presentó solicitud. Él mismo es responsable de que Cuba esté bloqueada financieramente porque, en principio, él fue quien retiró la membresía de Cuba de estas instituciones. Por un lado, la izquierda se queja de que Cuba tiene un «bloqueo financiero» porque Estados Unidos se opone a que ingrese en instituciones financieras. Por el otro lado, salen diciendo que esas mismas instituciones financieras son abusivas, basura, que deben desaparecer o que son un instrumento de dominación. Con tal de victimizarse, la izquierda es capaz de mantener dos argumentos mutuamente excluyentes en la misma narrativa y de cambiar su posición a conveniencia.

Fidel no era el único que hacía esto

Castro no era (ni es) el único subhumano que invocaba la carta del bloqueo por no estar dentro de los mismos organismos internacionales que odiaba. Podrá servir como el máximo ejemplo de hipocresía y disonancia cognitiva, pero esta característica se encuentra en otros socialistas le rodearon, como Lula. El expresidente brasileño, famoso fundador del Partido de los Trabajadores (PT), espetó hace poco que sin este «bloqueo», Cuba hoy en día sería «otra Holanda». Casualmente, Lula Da Silva también es un crítico de las instituciones financieras internacionales, por lo que tampoco tiene base moral para quejarse. En 2011, Lula recomendó al gobierno portugués no acudir al FMI para rescatar sus finanzas públicas y paliar la crisis originada.  Eventualmente Portugal si firmó un acuerdo con el FMI por US$ 26.000 millones, rescató su economía y hasta devolvió los créditos con anticipación. Independientemente del pronóstico errado, es importante ver la crítica detrás.

‘‘El FMI no resolverá el problema de Portugal, como no resolvió el problema de Brasil, como no resolvió otros problemas. Cada vez que el FMI intentó lidiar con las deudas de los países, el FMI creó más problemas que soluciones’’ fue la justificación usada. Me temo que debo plantear otra vez el cuestionamiento. Si el FMI ocasiona tantos problemas, ¿para qué insisten en que acepten a Cuba allí? En todo caso, es el dichoso bloqueo financiero el que evita que Cuba caiga en las garras del «neoliberalismo». Hugo Chávez fue otro compañero de lucha de Fidel que apoyó este tipo de cosas. ‘‘Señores del Fondo Monetario Internacional, señores de Banco Mundial: chao. Venezuela es libre […] y gracias a Dios, ni los venezolanos de hoy ni los niños por nacer tenemos ya un solo centavo de deuda con esos organismos dominados por halcones estadounidenses’’ dijo en 2007.

Pregunta de los 2 Planes Marshall: ¿Para qué vamos a financiar la dictadura?

Con todo lo que hemos recabado podemos concluir tres cosas. Primero, dado que la excusa del «bloqueo financiero» es falsa, no evitó que Cuba recibiera centenares de miles de millones de dólares en financiamiento. Con el patrocinio soviético recibió 197 mil millones de dólares a precios actuales y, gracias a la hospitalidad venezolana, recibió otros 84 mil millones. Segundo, no es culpa del «bloqueo» que Cuba esté desconectada de las principales instituciones financieras internacionales, sino porque el mismo Fidel Castro la sacó de ellas por voluntad propia. La responsabilidad quedó heredada en sus sucesores, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel, quienes no reintegran a Cuba a los organismos por renegarse a enviar solicitudes. En tercer lugar, no tiene ningún sentido quejarse del «bloqueo financiero» porque los socialistas (como vimos) odian las instituciones financieras que les «niegan» la entrada. Claro, y eso asumiendo que el bloqueo existe.

Pero al final de todo, también queda ver que no tiene caso que Cuba, en estas condiciones, sea introducida en un organismo financiero internacional. Gracias a la dictadura comunista, el nombre de Cuba quedó mancillado por ser la ruina de los soviéticos y la sanguijuela de los venezolanos. Ya la dictadura castrista no pudo sacar adelante a la isla con los recursos brindados por sus aliados, suficientes para reconstruir a Europa dos veces. ¿Qué nos hace pensar que usará «correctamente» los préstamos que le hagan instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco de Pagos Internacionales? ¿Es acaso factible que el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial le den fondos a la dictadura cubana para que los siga malgastando?  ¿Por qué deberíamos creer que el destino de estos nuevos créditos no terminará como la ayuda soviética o la ayuda venezolana? Simplemente no hay credibilidad.

El rasgo que hace el «bloqueo» una farsa astronómica

Si bien la carga de evidencia nos demuestra que el cuento del bloqueo a Cuba se fundamenta en ocultamiento de hechos históricos y en una burda exageración de sus efectos, queda algo. Las características falsas que brindan a la narrativa ese aire victimista no son suficientes para catalogarla como la mayor farsa política, no. Son las consecuencias de esta narrativa, aquello que logró en base al engaño, lo que le brinda tal estatus. Por ejemplo, la ONU lleva condenando por casi 30 años el embargo comercial, y en la última ocasión hubo 184 países a favor de levantar el bloqueo. Curiosamente, que la ONU inste a Estados Unidos a hacer esto viola el mismo principio de soberanía que este organismo supuestamente defiende. Kelly Craft, embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas, recordó esto mismo en 2019: ¿Acaso Estados Unidos no puede decidir soberanamente con quién comerciar?

Las Naciones Unidas no solo llaman «bloqueo» al embargo, sino que también dicen que es coercitivo y unilateral. ¿Por qué la ONU no condena del mismo modo las expropiaciones por valor de 16.4 mil millones de dólares? ¿Acaso las expropiaciones sin indemnización logradas mediante la amenaza de compulsión por guerrilleros recién llegados al poder no son unilaterales ni coercitivas? Eso sin contar las propias violaciones de derechos humanos de la dictadura cubana. ¿Cuándo 184 países de las Naciones Unidas condenaron al régimen de Miguel Díaz-Canel por no autorizar el paso de ayuda para paliar la crisis sanitaria? ¿Dónde se pronunció la ONU por las más de 500 personas secuestradas, desaparecidas o detenidas documentadas por Human Rights Watch? Cuando la mayor plataforma política transnacional deja de esconder su doble estándar, la farsa se deja ver.

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